lunes, 16 de diciembre de 2013

¡Por los rayos, la trama y los hilos de la vida!

“Brindemos por los rayos de la luz que (…) alumbra hoy.”
                                                                                                              Indio Solari

Entre paréntesis el Indio Solari canta la palabra me y es lo único que modifico para comenzar a celebrar, y a escribir. Entramos al nosotros. Estamos al filo del año y es un buen momento para comenzar a pasar raya. Durante todo el 2013, la humanidad estuvo en su casa doce, que, al conocimiento astrológico, es aquella que conecta con al invierno interior. Casa doce en un año trece, es un gran paquete de transformación.

No hay un solo rincón durante este año que no haya entrado en crisis. La violencia se presentó en nuestras vidas de maneras sofisticadas —agresividad, que no deja de ser un estado de violencia— y otras veces con acción directa, también los límites. Al apagarse los últimos segundos del dos mil trece, estaremos muy lejos aún de haber terminado con la violencia en el mundo, de que el hambre haya desaparecido y que los abusos sean cancelados, entre tantas miserias que guardamos antes del corazón y dentro de él. Pero habremos visto ese estado en nuestra vida, en la cotidiana y también habrán llegado a nosotros nuevas oportunidades para neutralizar la falta de paz que nos es común.

El dos mil catorce será para la humanidad el ingreso a cuarta y quinta dimensión, dependiendo del desafío que estemos preparados para tomar.

¿Qué estoy haciendo aquí?  El mundo de cuarta frecuencia es la ley de la sincronía, en él reconocemos que todo lo que está allí afuera, se encuentra ordenado y es igual a nosotros dentro. Una selva, por ejemplo, es un sistema vivo y no precisa de la mano del hombre para subsistir, somos nosotros quienes necesitamos comprender en conciencia que la naturaleza es tal cual se presenta. Entrar en esa cuarta frecuencia implica que, observando la creación, podamos entender los costados, rincones y lugares propios que no tienen nuestro reconocimiento.

No es extraño que de volver a prestarte atención y mirarte genuinamente, te sientas incómodo contigo, lo raro sería que no te sucediera. ¿Cuántos lugares hay en el interior de cada uno que por dolor, no nos animamos a reconocer, a tocar? Es inevitable que conectado a tus sombras tengas ganas de escaparte de ti. “¿Esto está dentro mío? Si me siento tan mal en mi propio cuerpo, qué sentido tiene estar aquí”, decímos. El motor  interno, el amor propio llegado este punto, te expulsa en busca de las respuestas sin las cuales, ya no podés continuar adelante.

Esos sitios guardan mucha maestría y todo lo que se derrama de ella; claridad, entendimiento, comprensión: conciencia. El dolor está para que nos sirvamos de él y todo el miedo que nos provoca, para asistirnos: por acá, sí y por acá, no.

Ingresar en quinta dimensión es hacer el movimiento hacia el alma. La mayor dificultad a la que nos enfrentamos como humanidad, es a la ignorancia sobre nosotros mismos. Es que somos un gran misterio y esa sería una buena manera de comenzar a relacionarnos íntimamente.

¿Quién soy? De a poco, ¿sí? Acordáte que sos un misterio para ti mismo. No te apures que no hay adónde llegar, todo el universo esta en tu interior, sos una réplica perfecta del Gran Espíritu que te dio la vida y la posibilidad de experimentar en ella.

Cuando el orden adentro comienza a tomar lugar, es una condición que te ausentes, que dejes de participar, que no vayas, que no acudas, en definitiva, que te vacíes. Ya no vas a tenerle tantas ganas a los lugares y convencionalismos socialmente aceptados. La antesala del mundo del alma, es una gran purga y limpieza desde las entrañas,  para que descargues el malestar con el cual estás acostumbrado a lidiar. Luego la renovación y el renacimiento. Pero tampoco aquí se puede correr, acordáte que estás aprendiendo a caminar desde otro orden en la vida.

Dejáte llevar, es la mejor promoción que esta escuela llamada Tierra te ofrece. Dejáte mecer. Después que te preguntaste qué estás haciendo aquí, habrá cosas que no quieras seguir haciendo y otras a las cuales les quieras dar mayor tiempo y dedicación.

Al estar en el reino de tu alma, conectás con tu memoria y sus registros te acercan a los vínculos sagrados que en ella están guardados. Allí aparecen grandes relaciones y amores que hasta ahora permanecían vedados y dormidos.

En ese camino, hay grandes sorpresas y lazos muy fuertes  que no hacen más que potenciarte. Cuando ingresás al criterio del alma, el corazón se agranda y la familia también, deja de ser un concepto para revolucionar tu vida. En este plano, hace rato que abandonamos la soledad, es un estado de unidad y un espacio para iluminarnos. Entrar en relación con la vida, recuperándote y llenándote de personas que estén para fortalecerte como tú las puedas fortalecer a ellas, es una gran fiesta, un regocijo. Es un hondo sitio de sanación.

Sea cual sea el paso siguiente al que la vida te esté llevando, dejáte conducir por ella. Prestá atención, fijáte qué y quiénes volvés a ver después de tanto tiempo y de manera sorpresiva. Estamos saliendo de un largo corredor de muerte y ella, pese a su mala fama, es la preciosa señora de las transformaciones. Los cambios son su orden y el terreno de su reino. Se acaba el año 13 en casa doce, no podemos decir que hemos salido ilesos y la verdad que eso es una suerte.

¿Cuántas pieles dejaste este año? La serpiente, decidida y sigilosa, arrasó con las capas de la personalidad, terminó con nuestro parecer, para ser.

Si la vida se mantiene desde el plano individual, siempre se estará acabando tras la partida de una personalidad u otra, si la vida se sostiene desde el nosotros, siempre estaremos en el encuentro, ocupándonos de la danza y del fuego.

Brindo por los rayos de luz que nos alumbra. Celebro por el retorno al amor y por el restablecimiento del nosotros como forma de ser y estar. Levanto mi copa con total conciencia y rezo por los hilos de la vida y cómo estos se muestran a cada tramo. Tú sabrás lo que estás precisando. Si es dolor, no te olvides de servirte de él para que te ayude a reconciliarte con lo que hoy no conocés y está esperando para guiarte. Si es amor, ¡bienvenido! Caminar desde el abrazo siempre es más grato, bello y reconfortante. Si son ambos, estás en el alma, te deseo un año de unidad y luz para que puedas escribir tu libro desde la integridad.

Como sea, te deseo un año lleno de acuerdos y un suave andar, la rueda de la vida está custodiando tu lugar hasta que estés fuerte para sostenerlo. ¡Por la trama y hilos de la creación que me llevaron a mis hermanos para juntarnos en la casa del alma! ¡Y por el reino del espíritu que me devolvió a mi familia, un corazón mucho más grande del que pude imaginar, luego de que yo elegí regalarme un año de completa transformación y amor.

¡Hasta el próximo año!




Camilo

jueves, 12 de diciembre de 2013

Preludios, precipitación y precipicios

Los tiempos rugen y están urgentes, tu tiempo te sacude ¿qué vas a hacer? Las horas y toda forma en que midamos el tiempo, están concentradas, están explotando… Nuestra depresión y toda la sin razón también estalla. Y por sobre todo, la depresión no es sinónimo de debilidad, todo lo contrario, cuando se manifiesta, es un volcán. El corazón está desbocado, ha guardado tanta violencia, ha recibo tanto abuso que ahora no hace más que quitárselo de encima.

Hay golpes por todos lados, las enfermedades están más vivas que nunca, estamos muriéndonos a cada instante. Hay muchos soles que nos están fritando y bajo esa luz, las locuras sólo pueden salirse de su guarida, no tienen espacio para esconderse. No hay filtros ya, es el cielo, hermano y poderoso quien está abrazándonos y en su presencia, se notan la mentira y el engaño en que estamos sumidos.

Fuimos a despertar nuestro corazón, los cuatro, en familia. Fuimos a levantar la voz para no callarnos nunca más. Fuimos unidos y volvimos siendo uno; claros, firmes, seguros, intensos y abiertos. La vida se paró delante de nosotros y le ofrecimos nuestra sonrisa, no los dientes. Así fue que apareció un milagro tras otro… Nada tuvo límites, apenas dormimos, los ojos clavados en la conciencia, viendo y siendo magia en constante movimiento.

Detonamos en amor, nos expandimos, nos vimos en los ojos de tantos hermanos que regresamos relucientes, resplandecidos. Al llegar y prender los noticieros, lo esperado… Una violencia en re menor, un acorde lleno de angustia y tensión. Lo sagrado nos está envolviendo y no todos lo reconocemos. Es inconfundible, sos inconfundible. La realidad no me deja otra alternativa que mirar con compasión cómo los arrebatos van por todo, desde arriba y desde abajo. Es un todos contra todos que observo con indulgencia, las vidas humanas no están siendo impecables. Está lloviendo luz, estamos rodeados de precipicios y precipitaciones.

Los últimos momentos de un año tomado por la transformación, como soplo de la muerte, serán impredecibles, pero no necesariamente sorprendentes. Ya entramos en una dimensión de transparencia y claridad, es por eso que el tenor y la gravedad de lo que carga el corazón, encontrará cualquier vía para mostrarse. Estragos por doquier, los escrúpulos desaparecidos y la mayoría de las acciones faltándole el respeto a la ausencia de amor.

Así se cierra el año 13. Las profecías nos caminan por encima, las muertes pronosticadas resumen nuestro alrededor, las premoniciones no están en otro margen del tiempo, están despiertas a nuestro lado. Hay que hilar fino y mirar con ojo clínico para darse cuenta que detrás de este panorama, persiste la dimensión de lo sagrado. Trece mil años en uno, reducidos en un mes, sumergidos en un día, enclavados con rigor en cada hora, minuto y segundo. Estamos respirando civilización y naturaleza a la vez. Así de simple, todo está hecho con amor y escrito con letras doradas de luz y amanecer. 


Camilo

martes, 10 de diciembre de 2013

Bitácora. Parte cuatro: el rayo que consagró al hombre


-           Es hora, es momento.

Me abalancé en busca de mi bolsa de tabaco, tomé una chala de ella y rápidamente armé un atado con el abuelo tabaco. Estaba plenamente conciente de lo que estaba ocurriendo. Gabriel tal vez lo percibía, mas algo dentro mío, decía que no entendía o no quería entender lo que estaba ocurriendo.

Encendí el tabaco y lentamente comencé a expresarme.

-          Gabi, es tu momento. Están descendiendo los Maestros de todos los planos. No cabe nadie en esta habitación. ¿Lo sentís?

Gabriel sonrió con poca ingenuidad y respondió levemente.

-          Sí, claro que lo siento.

-          Gabi, como primer Hombre Rayo, para mí es un honor canalizar al Cielo para vos, decirte cuánto te ama tu padre y cuánto de ama tu madre. Que la Tierra y el Cielo están muy orgullosos del camino que has hecho y que hayas decidido seguir a tu corazón siempre. A partir de hoy, vas a entender en qué cambia ser Hombre Rayo, ser consagrado por el Cielo, aquí en la Tierra.
Estamos abriendo un nuevo linaje, una línea que no tiene precedentes en los registros de la historia, es una responsabilidad muy grande y a la vez una gran alegría hacerlo en familia.
Estoy muy feliz de caminar esto contigo, con María, con Estela, con Lali y con quienes sigan llegando. En este círculo y en esta familia sólo habrá espacio para sanar y para vivir desde el corazón porque la memoria que ya recordamos del Cielo en la Tierra guarda para nosotros el registro del amor incondicional. Fuimos ese fuego en la Tierra y lo traemos en nosotros. Ahó, Tierra Madre. Ahim, Cielo Padre. ”

Sé que mencioné más hermanos del camino que ya estaban cerca de nosotros, que los sentíamos parte del círculo que con mucho esfuerzo y rezo, habíamos empezado a llamarlos para que sus alma reconocieran que era momento de reunirnos. A esa altura, mis lágrimas hacía rato estaban brotando de mis ojos. Tenía enfrente a mi amigo y hermano, estaba canalizando su consagración como Hombre Rayo y en lo personal, estaba soltando un largo proceso de varios meses sosteniendo su lugar y el mío, preparando el terreno para darle su bendición y lugar. Estaba aprendiendo a dejar de controlar, a soltar y disfrutar observando y acompañando el proceso de mi hermano.

Gabriel también estaba emocionado aunque prefería tomarse la situación con humor, de acuerdo a su carácter. No recuerdo con exactitud sus palabras, pero sí la intención de sus rezos y oraciones. No se agotó ni se midió en su agradecimiento a su Tierra y a su Cielo, a su madre y a su padre. Estoy seguro que los sentía danzar en todo su cuerpo. Fue una gran bienvenida a un linaje que habíamos decidido como espíritus y que trajimos en el alma, para abrir juntos y en familia.

Sobre él descendió un gran rayo dorado, llama de la cual se convirtió en custodio y cuando tomó por segunda vez el tabaco para rezar, enseguida me regaló un gran entendimiento. Cada Hombre o Mujer Rayo —los primeros siete en componer el círculo—son custodios de una llama de las siete que componen las familias o ramas del universo. Esos rayos son lo que la metafísica antigua reconoce como energías primordiales de sanación. Al abrir este camino, tanto él como yo, estamos en custodia de esos rayos hasta que al llegar otros hermanos al Camino del Cielo y de acuerdo a los parámetros que la instrucción exige, se les devolverá la custodia de su llama al momento de su consagración. Es la profecía de los rayos cósmicos. A partir de ellos, siete hombres y mujeres custodiarán el legado pudiendo instruir a quienes decidan hacer en esta vida el Camino del Cielo como sendero de conocimiento divino.

Mientras Gabriel me explicaba todo esto, una enorme tormenta se hacía sentir entre nosotros, recordándome la noche de mi propia consagración. Los rayos, truenos y relámpagos iluminaban el cielo en una madrugada en la que verdaderamente, la escena estaba colmada de asistentes.

No había pasado más de una hora que el cansancio y el sueño nos alcanzó, cuando un rayo pareció abrir la tierra con su estruendo. Salté del colchón en el piso y recuerdo que entre dormido le dije a Gabriel.

-          ¿Estás bien? ¿Sentiste ese rayo?

-          Sí, estoy bien.

-           Tenés un camino fuerte por delante.

Esas fueron mis palabras para él que concluyeron cómo sería la construcción de su identidad como Rayo en la Tierra.

Esa noche y las escasas horas de descanso que tuvimos estuvieron cargadas de viajes por el astral y dimensiones de luz, lo esperable luego de tal consagración. De pronto y de forma súbita, me desperté y en seguida sacudí a Gabriel para que  también volviera a este plano y nos aprontáramos para trabajar. Más tarde, Gabriel me contó cómo fue recibir la consagración en el otro mundo y como volvió a este.

-          Sabés que soñé que estábamos en un espacio donde los Maestros nos recibieron para celebrar su bendición sobre mí. Éramos muchos y vos, con tu carácter solemne y serio me decías que me ibas a acompañar y a apoyar, que contaba contigo y con la experiencia que estos meses habías tomado para apoyarme. También me dijiste que había que hacer una ceremonia que de verdad trajera el espíritu de lo que estaba sucediendo, que se había terminado el tiempo de que se levantaran bendiciones de esta naturaleza y bautismos a cualquier momento y en cualquier lado. En resumen, me dijiste que era hora de adecuarse a las formas, despertando el fuego sagrado. Y me dijiste -“Te espero del otro lado”, y ahí me tocaste el brazo en el cuarto, mientras dormía,  para que nos aprontáramos para trabajar.

Pese al cansancio, nos reímos mucho, era de verdad un enorme placer encontrar los hilos que unen el mundo del espíritu y nuestra realidad. No es lo mismo cernirse a un camino espiritual o a un sendero tradicional que tiene el amparo de una cultura atrás, que colocar los pilares fundamentales de una cosmovisión nueva, nacida de un tiempo sin antecedentes y cuyo anclaje trae un paradigma que es sólo relativo al amor como expresión y a la libertad como rodaje. Eso estábamos haciendo, levantando un camino espiritual que desarrollara el Cielo y su sabiduría, en la Tierra. Por eso reconocer cuando se presentaba la continuidad del amor de aquel lado hacia este, era de verdad reconfortante. No estábamos solos o mejor dicho, siempre estuvimos acompañados.

Hay verdades que nos completan, que nos colman. La certeza de estar despertando un camino espiritual que no tiene antecedentes, es muy fuerte. Estar al frente desde sus inicios, sembrar llamados, cosechar almas y construir la familia, sólo es posible contarlo desde el corazón. He sentido mucha soledad en este plano, sé que Gabriel también. La consagración de mi hermano me hizo sentir liberado, aunque no completamente. Asumir el destino de cada uno implica entender que vinimos a esta Tierra con un propósito. Cuando nos desatamos de los parámetros culturales, en el intento de encontrarnos con nosotros mismos, llega un momento en que comprendemos que la mayor libertad  se consagra dentro nuestro al elegir el lugar que es para nosotros y nos estuvo esperando hasta estar listos para asumirlo. Eso es ser libre y abrazar el destino.

Sé que recibir una bendición de semejante belleza y responsabilidad en tiempos sagrados, significa empoderarse. Es un espacio de fuego interno y de autoridad en el movimiento hacia afuera. Con naturalidad, aceptar al espíritu en la vida, implica pasar al frente, con el corazón adelante, en momentos donde la humanidad toda y los círculos a los que llegamos, están esperando una voz que traiga esperanza, para volver a levantar la confianza en la vida. Hay cientos, miles de corazones que quieren ponerse de pie y es un honor ir hacia su encuentro para apoyarlos. Ese lugar había asumido Gabriel y yo estaba feliz de ya no sentirme solo en este plano nunca más y de sentir que el camino recién estaba comenzando, en familia.


Camilo






jueves, 5 de diciembre de 2013

Bitácora. Parte tres: acuerdos, desencuentros y armonías

Había sido una semana íntima, de procesos individuales, de enredos y hasta de confusión. Llegué al viernes muy cansado y entregado a lo que viniera, no me había sucedido antes estar a punto de dar un taller y que los tiempos se convirtieran en desencuentros. No estaba todo preparado para trabajar. Conocía la sensación de inconformidad que me invadía y aún más la auto-exigencia que brotaba de mí. Muchas veces había comenzado a trabajo con dudas e incertidumbres y jamás me había sentido solo o desprotegido. Como pude me agarré de la sensación, por más pequeña que fuera, de que estaba siendo sostenido por la divinidad y que ella sabría hacia dónde estábamos yendo y por qué lo hacíamos de esta manera.

No había enojos, simplemente no hubo forma de juntarnos previo al viaje. Nos vimos poco antes de llegar a la terminal y como siempre, se presentaba el amor a primera vista, como pasa entre dos hermanos que los une el propósito del corazón. De inmediato abrí mi bolsa de tabaco y con él se disparó la conversación. Primero sin mucho orden, de acuerdo a las necesidades del alma, luego, tras tomar asiento en el ómnibus, las prioridades se marcaron con claridad.

-          Gabriel, no tengo el taller preparado del todo y me preocupa. Me sentí muy solo esta semana y por momentos hasta me pareció que te descansaste en mi. Me agota hacerme cargo de estar en el frente de la tarea, recibir instrucciones, que decanten, ordenarlas luego. Comprendo que vos tengas tu trabajo, pero tenés que saber que en algún momento esto va a cambiar. Siento que estoy sosteniendo mi proceso y el tuyo a la vez.

-          Te entiendo, Cami, no estás solo, yo estoy. Me hago cargo de mi parte.

Más o menos así comenzaba nuestra conversación. De pronto abrimos un mensaje que Gabriel había canalizado para mí en forma de cuento y el cual yo no logré entender. Lo repasamos, estuvimos atentos a mis resistencias, a las partes que por uno u otro motivo, me negaba a querer ver. Ese cuento hablaba sobre la esencia de un Hombre Rayo, consagración dada desde el mundo del espíritu a quien despierta en su corazón al Cielo y su sabiduría para que a partir del rayo, se levante el hombre con el compromiso de sanar su vida, llevar entendimiento y claridad a lo que le pasó y poder colaborar en el camino de otras personas. Es un nuevo legado cultural y linaje dado desde el cielo y se asemeja a la senda del chamán, aunque unos pertenezcan esencialmente a la tierra y otros al cielo. Yo insistí:

-          Está bien que a vos te parezca que sostener tu trabajo y estar en los talleres y actividades es una forma de integridad. No lo cuestiono. Pero tenés que saber que la consagración de Hombre Rayo, cambia completamente las cosas. Dije.

-          No entiendo en qué cambia si yo no me corro de mis responsabilidades, Cami. Decíme todo y no te limites porque no te estoy entendiendo.

-          Mirá, Gabriel. Cuando yo recibí la bendición como Hombre Rayo, hubo un antes y un después. Este camino no tiene una línea cultural ni registro anterior del cual tomar fuerza, energía e impulso. Aunque tengamos a todo los Maestros atrás, adelante y a los costados, quien tuvo que poner el cuerpo para empezar a sostener esto, fui yo. Y me parece que eso es lo que no entendés. Que ya es tu hora, estás preparado aunque te hayas negado a reconocer que todos estos meses fueron de instrucciones permanentes para poder asumir tu lugar. Porque siento que estoy encarando mi proceso y el tuyo y eso es lo que me agota en las energías.

La conversación continuó horas y nos dimos cuenta en ese momento que lo que estábamos hablando era si estábamos dispuestos a seguir adelante juntos o no y de eso dependía que Gabriel reconociera su lugar. Todo podía haber terminado allí, pero refundamos nuestros acuerdos y en horas nada más, cambiaría completamente el panorama.

Llegamos a Paysandú luego de hablar sin interrupciones, dejando la cabeza de más de un pasajero al revés. Nos esperaba la casa de Fernando y su familia en la cual nos alojamos para facilitar el taller. Era tarde ya y Gabi salió un rato largo, me llamó la atención su ausencia, pero ya estaba acostumbrado al devenir del mundo del espíritu y su requerimiento en un sitio u otro. Cuando volvió y de manera espontánea, hicimos un círculo de sanación entre los que estábamos para armonizar las energías de todos y especialmente, las de los dueños de la casa.


Al irnos a dormir, Gabriel me contó algo perturbado que lo habían encerrado varias entidades oscuras por motivos íntimos de la casa donde nos quedábamos. No importaba tanto el por qué, sólo que a cada palabra de Gabriel, su postura iba encogiéndose y de pronto veo varias sombras que le estaban absorbiendo su energía. De un salto quité esas entidades de su campo  áurico y me invadió una voz o muchas dentro de mí...

(Continúa)



Camilo

martes, 3 de diciembre de 2013

Bitácora. Parte dos: la resurrección de la voz.

Los tropeles seguían corriendo junto a nosotros, acompañándonos y colgando del aire. A mi lado el libro de la vida, las hojas de la tierra, la sabiduría siempre nativa y fresca y el conocimiento divino, éterico y en tinta dorada. Minutos antes, apenas habiendo atravesado Montevideo, se había presentado nuevamente Nucaey. Su energía era fuerte, su gesto adusto y a la altura de la memoria que custodia. Un anitguo espíritu charuá, al decir original de los pobladores de las praderas.

Él es un cuenta cuentos, su medicina o don es guardar en su alma el registro de la tierra en la que nació: Guaraní, la tierra del gato al revés, el portal de la pirámide azul; en la antigua selva misionera de Paraguay. Llegó desde aquellas tierras y fue adoptado por las llanuras charuás.
El cuenta cuentos es quien va de una comunidad a otra portando un mensaje y en su narración, despierta la memoria del corazón en las personas. ¿Cómo fue que vivieron antes las comunidades del amor? Eso vino a enseñarnos.

La bendición para caminar nuestro país ya estaba daba, ahora era momento de explicarnos de qué manera los hijos de la Tierra y los hijos del Cielo se unirían finalmente en círculo y en consenso. Yo estaba sentando junto a Gabriel, traduciendo lo que Nucaey contaba. El camino que me mostraba, entendíamos, sería el de toda una vida. Fuegos sagrados y luz en las praderas, diseños e instrucciones para habilitar el Camino del Cielo en coherencia con el espíritu que envuelve al Uruguay.

Nos mostró que no hay distancias entre un sendero divino y el antiguo camino azul de los espíritus tal como lo sostenían los guaraníes y cómo el azul y el camino rojo de la vida, debían fundirse para custodiar la vida y gestar de verdad una nueva forma de amor desde el respeto por la diversidad.

Las imágenes no cesaron por largas horas, no me hacía falta ver a través de la noche desde la ventilla que se desplegaba a mi costado para reconocer los enjambres del misterio y en ellos, los ancestros de esta tierra.

- “Lleven el Uruguay al camino de la luz. Devuelvan a este territorio su memoria sagrada, no sólo el camino de la Madre debe levantarse aquí, pues el territorio se está elevando y ustedes acordaron canalizar el Cielo para hacerlo descender. El recorrido será arduo pero está plagado de diversión, ustedes saben entretenerse en el viaje. Pronto deberán llevar el diseño del Padre a muchos rincones de la Madre, la alianza con el Norte ya está en camino y las instrucciones serán dadas en el momento preciso, no antes. Aguarden en sus corazones y sentirán los tambores, ellos les indicarán dónde ir”.

Su espíritu se alejó de manera precipitada. Antiguos lakotas, tribus de Norteamérica llegan desde entonces cada noche y cada día si la conexión que logramos y la conciencia que alcanzamos, hacen la reunión sagrada.

De pronto el ómnibus detuvo su marcha en plena oscuridad y decidimos bajar a ver qué ocurría. Otro micro delante nuestro había sufrido un inconveniente en una de sus cubiertas, por simple solidaridad, el chofer del coche en que viajábamos decidió interrumpir el destino, ya cerca de Paysandú. Nos sentíamos rodeados de aire fresco y sin embargo, también el calor de los montes estaba próximo. Estábamos siendo sanados y bendecidos y para eso, teníamos que poner los pies en la tierra para que esta se llevara a su centro, nuestras raíces y en nuestros corazones se prendiera la memoria íntegra de quiénes habíamos sido hacía ya muchos años. 



Camilo

lunes, 2 de diciembre de 2013

Las comunidades del amor

¿Cómo y de qué manera nacerán las comunidades del amor en medio de las posturas debidamente construidas para contraernos del amor y quedar en el centro del miedo?

¿Cómo se hace, en un acto de revelación, para bajar las resistencias y subir el estado de conciencia? El amor, en calma y movimiento, puede mucho más que la debilidad que guarda el temor. Esta batalla que se mece en cada uno, ya está ganada.

De un lado de la balanza están los estados de sometimiento a los cuales nos condenamos y del otro está la profunda transformación en conciencia a la cual estamos subidos. No hay forma de volver hacia atrás ni voluntad para retroceder.

En la tercera dimensión —que es el estado de experimentación principalmente material—, hace agua la relación de cada uno con todas las expresiones de vida, pues están sostenidas por un acorde disonante a la misma naturaleza. En ese plano, no hay mucho derecho a sentirse merecedor de soltar lo que hace mal y a tomar lo que hace bien, a encontrarse libre. A ser vos mismo. Es un terreno espinado y empinado, cargado de conflictos y enfrentamiento porque los que están en lucha son tus luces y sombras. Allí siempre hay víctimas de un universo que tiende sobre los estados personales y privados, un problema irresoluble: la vida. El problema es que no hay nada personal, la verdad es que todo es para bien y al fin es el “nosotros” el que se extravió.

¿Cómo pueden andar bien las cosas si el corazón humano está empecinado en retraerse y en auto salvarse? No hay abastecimiento que alcance si soy el que quiere adueñarse del circo, ser el malabarista, quien corta los boletos, el payaso que ríe y llora a la vez y el espectador que quiere mirar todo cuanto pasa alrededor.

Hay miles de individuos, grupos y colectivos haciendo contrapeso en la balanza y llevando el equilibrio hacia otro lugar. Está bastante claro desde nuestra racionalidad que se acabó el tiempo de pelear e ir contra el sistema y sus articulaciones de dominación. Los efectos de su poder sobre la autoridad de nuestro corazón durarán años y décadas, tal vez más. También es cierto, se irá nuestra vida en el aliento de dejar un legado diferente, expresando y caminando una perspectiva que señala otra manera de vivir. Ya pasamos la dimensión de lo posible, nos está sucediendo y es real.

Lo están diciendo intelectuales, organizaciones, líderes de muchos círculos y personas de a pie: el quiebre es comprender que no lo tenemos que hacer por nosotros, sino que estamos gestando un tiempo fundacional, cuyo eje y centro opera desde ahora, por un horizonte común. Lo estamos haciendo por las generaciones que ya están y las que vienen.

El momento en el cual se produzca la fractura y el punto de inflexión, será cuando un volumen mayor de personas decida simplemente dejar de alimentar la forma actual. No es necesario que dejes nada, hacélo desde el lugar donde te encontrás. Ponéle amor a lo que hagas o hacé algo que ames. Si no tomamos la determinación por voluntad propia, la vida igual nos acorralará hasta salir a buscar nuestro espacio, aunque lo hagamos con mal humor y desgano. Siempre volvemos al lugar donde se gestó el conflicto inicial por el reparo que estamos necesitando. A partir de allí, las bases no son sólo firmes, son contundentes y descargan bajo nuestros pies, el peso del espíritu. El alma señala la siguiente dirección.

Si se dejan de reproducir los mismos patrones y se lleva la atención a lo que el corazón de cada uno precisa, lo demás se desmorona con naturalidad y sencillez. No hay que hacer ningún esfuerzo ni acabar con todo a las pedradas. Se cae. Alimentá tu vida desde la timidez y la vergüenza que te enseñaron, no importa, de todas formas la magia hace su parte y el milagro se presenta. ¿Qué ganás quedándote allí? ¿Qué perdés intentando ser feliz, el pasado?  ¿Perdés el recuerdo de lo que ya no está? ¿Dejás atrás a los que ya se fueron? No, es al revés y lo quiero dejar claro. Todo eso y todos ellos te acompañan y te guían. Un paso al frente, por favor y todo lo empezarás a ver distinto. Es una promesa, sí. Y es una bendición que lentamente recuperes tu íntimo fuego.

Te quiero decir algo muy importante: el recuerdo del dolor es lo que te sujeta y cuando te animás a moverte, la memoria enternece tu mirada y se llena de sentido lo que te pasó. La memoria es tan sagrada que no nos permite acceder la mayoría de las veces, a las instancias dolorosas, para no quedarnos en el drama. Se accede nuevamente a esos momentos profundos y emotivos, cuando el amor es quien está para sostenerte en ese ambiente.

Si en nosotros hay niños heridos en corazas adultas, este sistema es una gran guardería, un depósito de huérfanos a los cuales los padres no vienen a buscar jamás. Entonces habrá que ir a reconciliarse adentro. Se habrán fijado que un niño no aprende por las palabras, sino por las acciones de los adultos. Esas son las referencias que lo educan.

Si hay toneladas de dolor y de miedo manteniendo este estado de situación, lo peor que se puede hacer es arremeter contra la herida, porque es la expresión colectiva de la ignorancia. Simplemente hay millones de seres humanos que no saben vivir de otra manera y mucho menos pueden pedir ayuda, porque desconfían de todos y de todo. Abrazá otra dirección, firmemente y cuando alguien llegue a las puertas de tu corazón, mostrále tu mano abierta para que vea que no escondés ninguna piedra ni que le estás reservando gesto alguno de violencia.

El ocaso está llegando desde el oeste y desde su dirección opuesta, se está levantando una nueva inteligencia. La intuición y la percepción son los hemisferios del corazón, con él se puede pensar, como se puede ver la vida a través de los ojos del espíritu. Lugares más altos y elevados nos esperan para abrir puertas, dimensiones y frecuencias donde se reanude la experiencia vital más importante: el amor.



Camilo

martes, 19 de noviembre de 2013

El anillo del espíritu, la consagración del alma

El nombre de nuestro espíritu está tallado en un anillo del color del oro que se encuentra encima de nuestra cabeza, es la corona del ser. El alma, en ese orden, lo que hace es habilitar la información necesaria para que vayamos conectándonos con distintas partes de nuestra misión hasta que logremos asumir completamente el propósito que guarda.

Por eso nuestro espíritu, al ser una manifestación divina, no evoluciona y el alma sí. Porque el alma es un terreno donde aún hay luces y sombras y esas oscuridades se iluminan durante el proceso del despertar.

El nombre cósmico es una manera de responder a la totalidad de nuestra esencia. Ese círculo o anillo, lleva una larga inscripción en la lengua universal, son símbolos sagrados. Las letras están talladas en la parte externa, alrededor de toda la corona y a medida que te acercas a un nuevo punto de evolución, asumiendo una tarea mayor, algunas partes de esa inscripción se van iluminando.

En general, quienes eligen un camino o sendero espiritual para conectarse con su fuente, en algún momento, deben sellar ese compromiso. Es allí que se llega al bautismo y a recibir el nombre de su espíritu, pero este no es definitivo. Al responder a un espacio de conciencia en que nos encontramos, se recibe una parte y aquello que tomemos contiene también el peso energético que nos transfiere la dirección hacia la cual continuar caminando. Al seguir evolucionando, un nuevo tramo del alma se despierta y en él habrá otros desafíos, un nuevo nombre y un nuevo aspecto del espíritu se podrá manifestar.

Las dimensiones del universo como las frecuencias a las cuales nos vamos elevando con el recorrer de nuestra vida, son siete. Así también, atravesamos siete nombres en el andar tras el camino del espíritu. La octava superior es el encuentro con Dios en Dios o cuando toda la corona toma luz.

Quien llegara a encender totalmente la inscripción que su corona tiene grabada, ha logrado manifestar por completo a su espíritu en este plano y por supuesto, tanto en su condición humana como al retomar su naturaleza espiritual, se llevará el brillo de su alma. 



Camilo

sábado, 16 de noviembre de 2013

Ghan Khan es mi nombre cósmico

Ghan Khan es mi nombre cósmico. La primer parte del nombre, revela siempre la esencia de un ser, la segunda parte, es la manifestación de su misión en la vida. Ghan es el nombre con el que somos reconocidos en el universo quienes trabajamos en los registros universales, los bibliotecarios. Ghan quiere decir ordenadores, en la lengua madre o lenguaje universal. Es una parte de nuestra esencia aunque nuestra tarea no termine en ella. En el universo y dependiendo de la evolución y estado que alcanzamos, no tenemos un solo trabajo, sino que vamos realizando variadas y múltiples labores.

Ghan no nos define individualmente sino que nos une como fuerza, familia o colectivo tras una misión que hemos de desarrollar aquí, mientras otras esencias continúan operando desde las dimensiones sutiles, apoyándonos.

Khan es el guardián o custodio de la llama sagrada de la unión entre la tierra y el cielo – el cielo y la tierra. La tarea que acordé realizar aquí es despertar el camino del cielo en este momento para colaborar en el proceso de ascensión de la Tierra y por supuesto, en nuestro propio despertar. Acordé levantar el amor en todas las formas en que me fuera posible.

Para lograrlo, desde mi nacimiento, siempre estuvieron mis registros abiertos, lo que significó estar en pleno contacto con los seres del cielo. Atravesé muchas experiencias y situaciones que me mostraron el dolor, el sufrimiento y la fragilidad humana, así como las viví yo mismo para saber lo que se siente y reconocer esos estados en las personas. Hace un tiempo, me fundí a través de mi memoria celular, en cada una de mis encarnaciones, para tomar de ellas la sabiduría que era necesaria despertar aquí y entregar sus espacios de dolor al cielo. Fue un verdadero viaje de renacimiento, soy la totalidad de todo lo que atravesé.

No estoy solo en el despertar y desarrollo de esta misión, lo estoy haciendo en familia. Esa familia está constituida por dos contrapartes energéticas que resumen o sintetizan mi energía como la de cada uno. Es la proporción exacta entre lo que somos y lo que precisamos. También hay dos puntos energéticos importantes que representan nuestras raíces, de dónde venimos y uno más, adelante, el lugar hacia donde nos movemos.

La derecha es el estado masculino, el soporte de la tarea y la fuerza que alimenta la dirección y que brinda claridad para la acción. El derecho es el fuego. La izquierda es el descanso y el reparo, el sostén femenino que brinda calma y contención, la nutrición desde un lugar contemplativo o pasivo y el orden sensible. La izquierda es el agua.

Detrás se encuentra la tierra y este sitio representa nuestro lugar primario, a la vez que nos contuvo y nos permitió ser, también nos limitó y construyó una manera de pararnos en la vida, la mirada que tenemos está fomentada por ese lugar de origen. Por delante está el cielo, la relación con lo que queremos, el horizonte donde se encuentra lo que deseamos, las aspiraciones y la altura hacia la cual vamos. Aquello que queremos lograr está en él y en su vínculo, está la intención intrínseca de modificar las limitantes y provocar la expansión. El cielo es la representación de la libertad. Todos tenemos esos vínculos en nuestra vida que representan la conexión hacia las cuatro direcciones o puntos del universo.

Quiero contarte que nos están reuniendo a quienes decidimos venir a cumplir con una parte de esta tarea. Pero que aunque toda la energía esté favoreciendo esa reunión, siempre la decisión final es la voluntad propia. Digo esto por respeto a los tiempos de cada uno, pero para que entre en tu consideración que la resistencia sólo conduce a rincones de dolor y si se te aferras aún más, al sufrimiento.

También compartir que desde hace varios días, están descendiendo como nunca antes, tropeles, hordas y grandes enjambres de ángeles, arcángeles y seres de luz de toda jerarquía para apoyar este movimiento. Estas esencias se están mostrando por todos lados, están siendo vistos por  muchas personas que tal vez, nunca imaginaron que podrían hacerlo. Se están poniendo al lado de quienes lo necesitan para indicarles el camino, para mostrarles la dirección. Nos están empujando, amorosa o dolorosamente, al camino del amor.




Camilo Pérez - Ghan Khan- Hombre Rayo

martes, 12 de noviembre de 2013

Carta a tu cielo

“El Camino del Cielo se volverá cultura entre los hombres y el padre descenderá hacia ellos como ellos ascenderán hacia las alturas crísticas. Volverán a ocupar su lugar y espacio sagrado, se harán rondas y círculos que la Tierra Madre contemplará  para envolverlos en su manto. El Cielo será una forma de pararse ante la vida en relación directa con la divinidad. El Cielo se volverá naturaleza cuando acepten la cultura del amor entre ustedes y este movimiento, ya ha comenzado.”
Jesús

Sé que el camino recién comienza y eso me trae siempre a la humildad. Cuando me levanto, casi siempre recuerdo el principio de la historia. Salí con las preguntas más difíciles en mis manos a la vida y con el convencimiento de encontrar ese espacio misterioso donde se trama la existencia y se responden las interrogantes más fuertes. Ese lugar es real.

En confianza, me interné a caminar por donde el destino quisiera llevarme. La intuición fue mi guía y el resto fue una cuestión de  piel. Es ese manto, ese tejido que nos cubre a todos el que me enseñó a discernir lo que estaba bien para mí, de lo que no.

Supe a tiempo y por pura percepción cuando las cosas estaban alcanzando su fin. También pude reconocer lo que se abría detrás de lo que ya no necesitaba, aunque muchas veces quise continuar en los terrenos que se encontraban acabados. Cuando me hice el tonto y me mantuve en los lugares que no me podían dar más, sufrí.

Las anécdotas que me sucedieron como parte del camino, tras seguir las huellas de mi espíritu y el sentir de mi corazón, empiezan a ser muchas. Son todas expresiones del amor y su pulso: ininterrumpido, rítmico y constante. Este momento no es el adecuado para ordenarlas, porque estoy conduciendo hacia el lugar que da sentido a estas líneas. De todas formas, soy de los que se reconfortan al saber cómo andan los demás, esos conocidos que se instalan en la importancia propia y que se hacen un lugar en uno sin proponérnoslo. Desde ese sentir, insisto en compartir cómo va el desarrollo de mi senda.

Hoy me encuentro con las infinitas ganas de encontrar fuera de mí lo que mi corazón ya resolvió adentro. Hace ya muchos años el camino espiritual indígena se expresó, tuvo perfil y quien lo comunicara  y yo fui a su encuentro. Tomé de él la experiencia fundacional del círculo y su comprensión. Digo fundacional porque tuve que optar entre seguir naufragando en mi soledad y vacío o llenarlo de una perspectiva que a todas luces, estaba cambiando mi posición ante la vida.

Después el propio movimiento de las cosas, me emboscó  y no tuve más remedio que abrirme de ese sendero y acudir a mi fuente interna. Ese fue el quiebre entre dejar de ser buscador y encontrarme conmigo. El reto fue enorme. Caminé el aprendizaje de la cultura nativa —que es una sola más allá de las latitudes— para luego poder dar respuestas a lo que las personas que traen al cielo consigo, como yo, precisan.

Ese cielo nuestro de cada día está colocado en el corazón de muchos, en la mayoría, tal vez esté adormecido. En muchas otras personas, ya despertó. La diferencia es que despertar no es lo mismo que levantarte. Dicho de otra manera, darte cuenta no es igual que empezar a moverte por  lo que necesitás.

El desafío deriva de que ya me hice las preguntas y obtuve respuestas. Ahora es momento de fortalecer el corazón, aunque eso signifique tomar el miedo y la incertidumbre como parte de la incógnita que la vida es, hacia lo que vendrá. Para mí, el trayecto ha sido la confianza, siempre he vuelto a ella, una y otra vez. Así que de ella me tomo para continuar este relato.

El asombro y la sorpresa han llegado después de los tiempos de ahogo y pesadillas. En vez de quedarme solo y regalarme el abandono, puse un voto de esperanza y atravesé muchos calvarios personales. Siempre, pero siempre salí más fuerte aunque la turbulencia me arrollara.

No tengo excusas, quiero encontrar a mis hermanos, quiero encontrarte. ¿Por qué? Porque lo que encontré y recibí es mucho más grande de lo que imaginé o pude soñar alguna vez. Y porque sé que acercarse al cielo no es cosa de iluminados ni un lugar de mentes brillantes, eso se acabó hace siglos.

Tomar la relación con el cielo y alimentarla, repara, cura y sana la relación con papá. Es un camino de reconciliación con quien depositó la semilla de la creación en el útero de quien te trajo a este mundo. Mamá. Y como el cielo nos está orientando a sentarnos en círculo, también es un espacio donde honramos nuestro lugar femenino.

El cielo y los seres que lo habitan, están pidiendo que nos reunamos. ¿Para qué? Empiezo por la negativa, para que el horizonte no resulte lejano, ni ese cielo parezca tan alto. Yo me reconozco en las alturas como reconozco mis raíces penetrando a la tierra todos los días al despertarme. Entre los dos, sí me puedo sostener y acompañar el proceso de integración de las personas si las personas lo entienden necesario.

Ahora por la afirmativa. El cielo celebra cada vez que lo miramos y lo reconocemos y eso nos reconcilia con nuestro ser masculino. El camino del cielo, como lo fue para mí el camino de la tierra, es otra manera de entrar en nuestro corazón, el mío y el tuyo. Hay quienes precisan hacerlo de una manera y hay otros que necesitan hacerlo de otra.

No puedo ni quiero quedarme con su voz adentro, no quiero que me creas, deseo que puedas reconocer la intención de mis palabras y que sientas en tu corazón lo que estás precisando. Yo estoy aquí, voy a levantar mi voz y voy a tu encuentro. Nos reunimos en el medio.


Camilo

lunes, 4 de noviembre de 2013

Las lunas de Escorpio y el fuego que viene

Sol en Escorpio, Luna de noviembre, mis aguas no están en paz. Me estremecen con su movimiento. En mis mares más profundos se están lavando las culpas que me impiden seguir: tiranías heredadas, legados de dolor y sufrimiento, todo embalado con coquetas ataduras que no pueden sostener más la tristeza de sus ojos.

Hoy más que nunca, me desprendo de las ropas que están rotas y enciendo una hoguera que se lleve la mentira y todo el juicio que recae sobre mis hombros. No soy el miedo de los otros, soy la libertad que demolió a mi personalidad.

Esta mañana mis fuerzas estaban desaparecidas. Desperté agotado y en aguas, sollozando  
por momentos... Soñé con mis muertos, soñé con los que están preparándose para partir. Las generaciones que nos precedieron nos alcanzan hasta el umbral donde el temor se desintegra, allí… en el final de la vereda, en el cordón y en la frontera más cercana al amor. Nos piden dar un paso, entregarle un voto de confianza a la vida, dejarnos tocar por estos tibios rayos de sol de noviembre.

Escorpio y el agua, Sagitario y el fuego no nos dejarán escapar. Escorpio es el fuego del agua y Sagitario el agua del fuego. Estamos rodeados de los principios más elementales de la vida. Abandono la cómoda tranquilidad que me acalla y me retuerce, hablo y se siente bien. Bajo de mi alma la pasión y atravieso un colador de inmenso fuego que quita del mapa de mi vida lo que ya no seguirá acompañándome. Ahora estoy en mi energía vital, recuperando el aliento y el calor de mi sangre. Ahora me puedo despertar.

Las profecías están saltando entre nosotros, las profecías se construyen del material inconciente que todos depositamos en el campo mórfico, en el patio de atrás. Las profecías están hechas de miedos y sueños, las caras de la transformación. Las profecías caminan nuestro vientre, galopan en el plexo y son flechas al corazón. Lento pero sin detenerme, camino del círculo al fuego, salgo de la línea de los danzantes y me fundo en el calor. Soy la llama, soy la chispa y el crepitar, mi silencio te habla, mi silencio te ordena y te acompañará.

Ya soy aire, ya soy agua, soy el fuego, estoy buscando un tramo de tierra para penetrar. Un espacio de mi madre, un campo fértil y abundante que de pronto se dilate y me ofrezca el corazón.

Uruguay y Argentina están siendo empujados al sur de los acontecimientos. Estamos tomando el frío y nos estamos templando el alma para abrigar con nuestro espíritu el calvario del norte. Vivimos en la capital más austral del mundo y siempre que el cielo se apague, se queda guiándonos en el firmamento la estrella del sur.

Vienen imágenes de los sectores del mundo torpes y envejecidos que están prontos a cambiar. Las Sierras Maestras nos llaman y nos convocan. Llegan certezas de las tierras abiertas, de los espacios libres que nos esperan en la escasa altura que tiene nuestra horizontalidad. La muerte está llegando a tiempo, la vida está después. Quien no logre apreciar cuando la tierra y el cielo se abran y abracen, no lo tendrá que soportar, simplemente dejará esta realidad.

Ensayemos nuestra voz de aura como el cielo hace sonar sus clarines y la tierra su voz gastada, su voz de tierra asomando por los cuernos de caña y bambú. Entonemos nuestro canto, ese que nos lleva al centro de nuevo y cuando el canto se presente en un sueño, sabremos al despertar que es hora de hacer la procesión definitiva. 


Camilo

sábado, 2 de noviembre de 2013

La medicina y el rayo

Un chamán es aquel que a través de las plantas sagradas y de poder, ha logrado ingresar al misterio de la vida tal cual es. Son yerberos de la buena tierra, pues colocan al servicio de sus hermanos, la integridad de la luz.

Un Hombre Medicina es aquel ser que a partir de la conexión con las plantas sagradas, instrumentos de contacto con Dios, luego ha ido dentro de sí en busca de las respuestas que den sentido a su existencia. Un hombre se completa si logra viajar a sus entrañas y encontrar la visión más pura y transparente que su corazón devuelve. Eso es ser Medicina, tener tramos de intimidad con el espíritu y momentos en el círculo de la naturaleza diaria donde volcar la observación que el universo le señaló. Porque las visiones y las alturas alcanzadas son creadas por todos y hacia todos deben ser devueltas.

Un alquimista es quien aprendió en su soledad a hacer oro de su propio polvo. Un alquimista accedió a su geometría sagrada y en ella, reconoce como su propio espejo a cada faceta del universo. Limó con los dientes de la escoba del cosmos, las capas que lo separaban de su coronación.

El Hombre Rayo es quien descubrió en su corazón la pertenencia al cielo, a la tierra, al círculo del Sol. Es un sendero nuevo que no tiene antigüedad. Ese hombre debe canalizar el rayo cósmico y hacerlo girar en el plano de la tierra. En ese rayo están vivos los profundos códigos y mapas de la universalidad.

Quien se convierta en Hombre Rayo, despertará la ley de la totalidad para comunicarla y afirmarla en el planeta. En esa ley viaja lo justo, el equilibrio y la armonía que deben plasmarse fluida y sencillamente. Transformar la alquimia en rayo es dar origen a la composición de un nuevo círculo fundado en el amor y en el respeto a la diversidad. Es un nuevo orden.

La primera generación de Hombres y Mujeres Rayo se sentarán a su debido tiempo, frente a frente con los Hombre y Mujeres Medicina. Juntos, recibirán y anclarán un legado que el universo ha preparado y que no tiene precedentes en la historia humana.

En cualquier caso, implica un compromiso hacia una familia mucho mayor que los pequeños núcleos íntimos, pues el corazón de todos se enriquecerá al reconocerse hermanos y en unidad con todo.

No todo es antiguo en las formas, aunque la sabiduría que sostiene este plano sea originaria de la fuente de Dios. El Gran Espíritu y la Gran Conciencia están sembrando la edad del quinto Sol. 


Camilo

jueves, 31 de octubre de 2013

Portal de transmutación y sanación

A lo largo de este año 13, cada mes ha sido más exigente al anterior. Esto sucede porque luego de pasar enero, en febrero se manifestaron las energías de enero y febrero. En marzo, se presentaron las vibraciones de enero, febrero y marzo. En abril las de los tres meses anteriores y de abril, y así sucesivamente. 

En noviembre, las energías de once meses se concentran y en diciembre se potenciarán las doce juntas. El volumen final es en enero, donde se presentarán las energías de todo el 2013 más el mes en que se cierra el año de la serpiente.

Desde el próximo 31 de octubre y hasta el 31 de diciembre, el planeta y la conciencia humana ingresan en comunión a un portal inmenso de transmutación y sanación. Será como ingresar en una gran centrifugadora. Tal vez el resumen más adecuado pueda escribirse en una línea: lo que deba reunirse, se reunirá y lo que deba separarse, se separará. El resto de esta nota, es para desarrollar esta idea y sus criterios.

Para hacer más sensible aún esta apertura, luego de fin de año entraremos en los últimos treinta días del gobierno de la serpiente, por tanto este tránsito de tres meses será la última estocada preparándonos para lo que viene.

En marzo de 2014 la nave planetaria ingresará definitivamente a la quinta dimensión a la vez que su frecuencia continuará en ascenso hasta alcanzar en un período de algunos años, la séptima dimensión o frecuencia crística. En ese momento y de acuerdo al desenlace de muchos acontecimientos que tendrán lugar en el mundo, habrá poco espacio para algo más que el amor incondicional y se aceptará la presencia de quienes ya caminen desde su intención y voluntad ese aprendizaje.

Nos están tratando con mucho cariño a nivel cósmico, por eso es comprensible que se presenten estados gripales, resfríos, alergias, diarreas, mareos, malestar estomacal, dolores punzantes en el bajo vientre… La zona afectada es análoga con respecto a la prioridad que debemos atender en nuestra vida. Esto está sucediendo para depurar lo más posible nuestro organismo antes del ingreso al portal. Una vez dentro de esa zona, la afección se trasladará a nuestro mundo cotidiano, donde debemos enfrentarnos sí o sí a lo que más le tememos.

Las fuerzas del destino que no estamos aceptando, el amor presente y silencioso al cual nos estamos negando, el dolor que nos arropa, las relaciones distorsivas, los procesos que nos están avisando que culminan y nos agazapamos a ellos. La violencia emocional y física, la agresividad… Todo alcanza su límite. Todo esto se maximizará. Estamos hablando de un período ventana, de dos meses intensísimos. ¿Cuál es el sentido de esto? 

Que la Tierra pase a habitar en conciencia a la quinta dimensión no es alarmante, es una belleza. A lo que debemos prestar atención es que toda la vida en ella debe acoplarse a ese ritmo y frecuencia vibratoria. La gran masa crítica —400.000 personas— continúa en crecimiento, pero desde luego, no todos estamos en el mismo punto del proceso evolutivo, ya que este es netamente individual. Sólo debemos rendirnos cuentas a nosotros mismos.

Nos damos cuenta que algo cambió en nosotros cuando la perspectiva a través de la cual observamos la vida, se ve alterada. A eso se le llama salto cuántico, movimiento del punto de encaje o pasaje a otro estado de conciencia. Para la Tierra funciona igual, pero ese cambio lo expresa en el movimiento de su eje, en la inversión de su polaridad. Está dejando de sostener los estados más críticos y sufrientes para recalibrar su energía hacia un caudal de mayor amor.

La llama o rayo violeta ha modificado su sentido y poder, además de la transformación y transmutación, asume ahora la transfiguración, transpolación y transmigración. Genera y siembra el terreno para todo cambio. Asociado a la Tierra, acompaña y apuntala el movimiento del eje planetario. El detonante de su manifestación puede ser el fuego durante este período.

La llama o rayo azul, además de ser la línea de sanación del universo, se convierte en el depurador del alma, cerrando tiempos, aspectos kármicos y transparentando el camino, dotándolo de autenticidad. La impresión de su energía durante este portal será fundamental. Su movimiento sanador dejará en evidencia lo que es verdadero y lo que no, combinando claridad y luz a la misión y propósito individual y colectivo.

En definitiva, el portal se vestirá de azul y violeta, para que bajo el gobierno de los dos rayos, seamos llevados un paso más hacia nuestro destino. Vamos a ser movidos desde donde estamos, hacia el próximo estado de conciencia. Cada uno tendrá que descubrir qué pacto. En términos fríos y universales, la importancia de una misión o tarea se mide por el alcance que tenga, por el número de individuos a los cuales toque o reúna. Pero si vamos a ser llamados a ocupar nuestro lugar, es porque se precisa que cada cual asuma su papel, especial y único.

Es altamente probable que si le damos vuelta o le corremos la cara a la transformación, la vida nos muestre los dientes o recibamos golpes donde más nos duela. Nos van a quitar de las zonas de comodidad que estemos sosteniendo, pero —por favor— tomémoslo como una posibilidad de empezar a fluir.

Aquello que esté pendiente se sugiere encararlo antes, será una buena manera de desobstruir los caminos ante la llegada del gobierno de las llama violeta y azul durante los dos meses que vienen.


Camilo