martes, 4 de noviembre de 2014

Sanar la dualidad

Todo sistema político responde a un mismo estado de conciencia: la búsqueda del poder a través de la exaltación de los personalismos. No importa en qué extremo de la línea de la vida se coloque la personalidad, hacia la derecha o a la izquierda, los opuestos finalmente precisan lo mismo: empezar a comprender lo que piensa el otro y qué lo llevó a sostener esa manera de pensar. La dualidad es una forma de andar hacia la integración. 

La personalidad, más allá de cómo se presente, adopta una tendencia (siempre neurótica) a enfrentarse con otras personalidades para alcanzar una cuota de poder. Esa conquista guarda un profundo deseo de esconder su debilidad. Ambiciona gobernar en pequeños o grandes espacios porque de lograrlo, cree que aquello doloroso que vivió, no le volverá a suceder. Por eso le es vital vencer para su sobrevivencia.

La lógica de cualquier poder es aún más profunda: cuando la personalidad alcanza sitios de supuesto privilegio, lo que desea es mantenerse lo más alta y alejada posible del alcance de otros, así no tendrá que afrontar nuevamente circunstancias que la agredan. No ganar, significa mantenerse con los pies en la tierra y toda relación en condiciones de igualdad representa una amenaza ya que internamente, sabemos que no hay un punto de vista más importante que otro. Dicho de otro modo, si no gobierno o estoy al control de las situaciones, DEBERÉ ESCUCHAR, INTERCAMBIAR Y ACORDAR, y esto último es lo que trae el principal dilema existencial: SI ACUERDO TENGO QUE VOLVER A CONFIAR en que alguien más hará su parte. Esto para la personalidad es vivido como si estuviera muriéndose.

Pero continuando con la lógica desde la que se arma el poder, quien lo alcanza, se asegura (momentáneamente) un circuito de fuerza que minimice posibles perdidas de control. Pero el talón de Aquiles de toda estrategia de poder es que está destinada a perder a manos de la autoridad de la vida, y la vida es el espacio donde la personalidad justamente quiere gobernar. Es una dinámica problemática que no tiene solución: los estados neuróticos o enfermizos quieren una vida sin implicancias ni compromisos y eso es imposible. Eso es estar muerto en vida.

La personalidad está asistida por una ilusión que no es capaz de reconocer: el deseo de vencer a otras personalidades como ella para que nada ni nadie (circunstancias de vida y los actores que cumplen un rol en ella) la vuelva a dañar o a herir.

Toda estructura democrática sostiene el mismo orden anterior. Multiplica las pequeñas justas individuales, las confrontaciones en los planos menores por la conquista de espacios más grandes. Los grupos mayoritarios tienen heridas comunes. ''Dios los cría y ellos se juntan'', dice el dicho. Y estos conjuntos, viven merced a la acumulación de voluntades con características semejantes para alcanzar el gobierno de sitios desde los cuales dominar y satisfacer sus egos, sus puntos de vista y en lo posible, perpetuarse una y otra vez en ese lugar. En tiempos de pujas electorales, una tendencia se generaliza: desde uno y otro bando se menosprecian, son todos o fascistas o comunistas.

En la realidad dual y de acuerdo a los tiempos de un país, para una fuerza que nace en sociedad, rápidamente emerge una contraria. Voy a citar un ejemplo con profundo respeto por todas las partes que mencionaré.

Las primeras batallas y guerras civiles fueron entre ''blancos'' y ''colorados''. Se enfrentaron tanto como lo quisieron hasta que finalmente, las personalidades de ambas escuadras, aceptaron que debían convivir. Por más combates, ejecuciones y muertes que intentaran, como flores desde la tierra, volvería a emerger el punto de vista que tanto los alarmaba.

Se acostumbraron a mandar, se hicieron tradición y después cultura. Y cometieron enormes atrocidades. Esto porque la propia permanencia y petrificación en el poder sin fuerza que lo equilibre, es una invitación a desnudar todas las perversiones que ocultamos lo más alejadas de nuestra conciencia cotidiana. Es como nacer en una tierra sin Dios u orden mayor donde reina la oscuridad. ''Cuando no está el gato, los ratones se divierten''.

Los escrúpulos son los que permiten a la personalidad no desenfundar sus enajenaciones. La presencia de la luz desactiva los mecanismos autodestructivos, con excepción de personalidades extremadamente enfermas. Por eso a la noche, nuestra conciencia registra que hay ciertas zonas donde es más probable que estemos en riesgo o peligro. Porque cuando no hay luz, los límites se han difusos o no se ven.

La derecha, en términos psicológicos, es la masculinidad y el lado oscuro de esta, es el tirano. Ante la ausencia de una fuerza que la compensara, fue que sucedieron los grandes genocidios en nombre del orden y el control en todo el mundo, es decir, cuando los aspectos más extremos del patriarcado (de padre, masculino..) buscó su realización.

En la antesala de la dictadura en Uruguay, se fundó el Frente Amplio, y no es casualidad. Vino a equilibrar una realidad desvirtuada. Cuatro décadas después, esta fuerza política está en las puertas de un tercer gobierno. Pero para lograrlo, debió modificar su carácter. El Frente Amplio, tuvo que correrse de la izquierda (aspecto madre, femenino...) hacia el centro, aproximándose en la línea de la vida, a la derecha. Con qué propósito: capturar votos en una sociedad altamente machista y profundamente ordenada hacia la producción como valor esencial. Hoy, aquella izquierda se ha vuelto tan tradicional como los partidos que fundaron el país y aquel terreno que dejó vacío es del cual emergen nuevas agrupaciones.

La sombra masculina (el tirano), actúa en la luz, desde las alturas determina y dictamina qué es lo que debe hacerse y cómo. La sombra del aspecto femenino es la bruja. Esta no actúa desde el hacer sino desde la palabra. Habla tanto que se pierde el sentido, discute tanto que deja pierde fuerzas para actuar, reflexiona tanto que inhibe el movimiento. ¡Aturde! Así como el tirano tiene su lugar en las alturas, ordenando; la bruja reposa debajo de la tierra, ausente de la superficie. En el subterfugio donde reina la oscuridad, es allí donde desarrollan el arte del enredo. 

El rechazo hacia cualquier punto de vista nos asegura que tendremos que enfrentarnos a él una y mil veces hasta reconocer, no sólo lo que piensa y siente sino la historia que engendró su óptica.

No se trata de ignorar lo que está pasando, se trata de agradecer que está sucediendo. Se puede trascender el debate, la puja. Quién no se enfrentó a la pregunta: de quién sos, ¿de mamá o de papá? Como hijos nos vimos ante el abismo de tener que seleccionar por uno de los dos, temiendo que ir a los brazos de uno de ellos significaría perder el cariño y el reconocimiento del otro. Y esto no es más que una manera de manipulación.

Honro la vida del árbol del cual soy parte y las historias en las que estoy implicado. Un buen camino es madurar las emociones y también no correr más. Decidí hace tiempo liberar a mis padres de la responsabilidad de hacerme feliz. ¡Han hecho lo posible y lo han hecho muy bien! Se puede sanar la dualidad y elegirnos a nosotros mismos. Y ahora, ¿de quién sos?



Camilo Pérez