martes, 22 de octubre de 2013

Los arquetipos del destino: voluntad (2)

Quien logra salir porque se harta de mirarse en los demás, rechazándolos y sin aceptarse, en base a un gran esfuerzo, logra parir su voluntad interna. Es el yo o la personalidad quien interpreta a partir de aquí, que todo lo debe hacer ella para lograr abastecerse y sobrevivir. Insume un enorme esfuerzo bancar el peso del mundo. Además de sentir que cargamos con nuestra vida, también sentimos las mochilas de quienes ni siquiera pudieron reconocer su voluntad interna para hacer el primer movimiento liberador. Caminar solamente con nuestra voluntad es una tarea titánica y de muchísima soledad. El mundo tal vez no nos someta tanto como en el nivel anterior, pero es un riesgo y una amenaza constante para nuestra permanencia en él, luchar contra todos.

En este espacio se desintegra la manera dual de ver la vida, pero todos los perfiles que navegan al lado, condicionan a batallar por un lugar bajo el sol y son muchos nenes para un mismo trompo.

Cuando la humanidad comprendió colectivamente que todos los hombres de Estado y los grupos económicos de élite, hacían las leyes y a la vez las sobrevolaban, entonces se quebró en la conciencia colectiva el miedo a disfuncionar. Hecha la ley, hecha la trampa. Si quienes hacen las leyes y quienes determinan el costo de vida, actúan por encima de las normas que escriben y decretan, entonces se gestiona un mundo subterráneo y marginal donde las cosas sucedan por debajo del sistema. Un mundo con dos redes paralelas: el comercio regular y una periferia cada vez más grande donde todo adquiere valor de reventa o se mercantiliza. La dualidad se sostiene como modelo, pero la pelea es todos contra todos y la ley, correr para tomar la ventaja.

En este estado de situación, la vida pública dejó de ser la tierra prometida y el valor al cual la humanidad traspasó su importancia es al privado. El traslado nos convirtió a todos de ciudadanos a usuarios, a la vida en una gran cosificación y el retrato de nuestras aspiraciones quedó colocado en empleos dulces y créditos abiertos al consumo.

El enfrentamiento en este punto de la conciencia no tiene dos caras, tiene miles. Las mismas empresas que generan islas para sus empleados y que se encargan de sus sueldos, también instalan el interés por productos que en la cima de la pirámide, son de su fabricación o de la cuña cercana.

Tenemos garantizadas varias derrotas en este estado de conciencia. La voluntad personal es muy pequeña en el universo y cuando se enciende para comerse al mundo, se está enfrentando a voluntades como la suya recorriendo el mismo laberinto en el afán por adquirir un nivel de prestigio a la altura del grito y la moda. En este estado, las leyes se hacen invisibles pero no imperceptibles.

Unas cuantas caretas y capas se desploman en este camino, las más frágiles y vulnerables que no soportan la crudeza de la escalera al cielo que ofrece la aldea global y su tecnología. Cuando perdemos la fuerza paulatinamente, nos recogemos buscando espacios que puedan devolver la vitalidad que se quedó por el camino. Desistimos de ciertas batallitas. Nos damos cuenta de que no tenemos que estar en todo ni que hay alternativa de controlar las cosas. Si estar en un lugar antes era indispensable, comenzamos a notar que no se cae el mundo porque no nos estemos ocupando de apuntalarlo y de presenciarlo. 


Camilo

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