viernes, 8 de junio de 2012

El Gran Misterio I

Del Gran Misterio sé poco: que es insondable, que es azulo oscuro, que carece de gravedad... Es que no podría ser de otra manera. La gravedad nos ancla, y el Gran Vientre nos debe hacer volar, permanecer levitando, en estado de ensoñación. Al Gran Misterio lo sé de videos en la web, de conferencias, de lecturas, de cuentos fantásticos y verdaderos en boca de quienes poseen el don de la palabra y de contar historias. Al Misterio lo conozco de algunas rondas de medicina, donde los Abuelos prendieron una luz adentro de mi y permitieron que viaje dentro mío y dentro del Universo a la vez. Pocas veces pude soltar el control de tan avasallante experiencia y en esas ocasiones, me hicieron temblar como una hoja, la medicina puede ser dura con la personalidad. Esas pocas veces expulsó de mi los secretos indecibles, me dejó entregado en el piso duro de los adoquines, o helado en el pasto de Treinta y Tres, bañado de rocío, frío y sin certezas. También me meció en el Remanso, mi barrio, mi casa, mi comunidad; viendo información, sospechando espíritus a mi alrededor. Pero siempre, siempre, fue un Gran Misterio. La energía del Padre Cielo baja veloz, inmensa, en línea blanca y directa, y se entromete roja al corazón, acelerándolo.

Como es arriba es abajo, y descubrir las constelaciones que como calles se estrellan en el Cielo, encontrarnos con esos mapas en medio de la ciudad, es un recóndito paisaje por el paraíso terrenal.  Hace tiempo develé mis ojos y quise que la calle Tristán Narvaja fuera el Misterio. Callecita nacida al cruzar la peatonal, donde sólo está permitido caminar, andar de a pie, gastar las suelas de las zapatillas y cebar mate y lavar la yerba. En el Misterio, en la Tristán, se encuentran magos, libreros, vendedores desvencijados, comerciantes desprolijos, timadores, antigüedades, porcelanas, lanas, hilos, diarios de ayer, rocío matutino que perdura un rato más. Te topás con historias, con recuerdos, los tuyos y los que pretenden vender los sujetos que llevan lo que les queda de sí. Las librerías son encantadoras, viejas, deslumbrantes, y sus libros son ediciones espléndidas, de tapas gastadas pero dignas y otras veces no.

En ella se vende todo y nada tiene devolución. Los relojes no dan la hora, sus agujas se estacionaron, agotadas, en cualquier lugar. Los billetes falsos ingresan al circuito regular y las monedas en desuso son reliquias para los que coleccionan tiempo. Allí hay talento para negociar precios elevando la voz y sólo así se bajan los costos de la tajada.
En esa feria hay artesanos de lo imposible.





Camilo Pérez Olivera
Ensayando otra manera de vivir¡!

1 comentario:

  1. hermosa esta pagina gracias camilo por compartirla ,un placer haberla leido gracias por tanta informacionun abrazo cris

    ResponderEliminar