martes, 8 de mayo de 2012

Yo no sé vencer (Episodio III)

Si participar de la victoria electoral había significado para mí un sinsabor, tendría que buscar el tiempo para comprender por qué si estaba vez había elegido el lado de los ganadores, de todas formas me encontraba vacío por dentro. Me llevaría años entenderlo.

- Cuando nos encontremos en la ceremonia, en quince días, les vamos a contar cuál de los dos es nuestro grupo predilecto- soltaba Alejandro con una risita cómplice a los alumnos de los últimos domingos del mes.

Se acababa otra jornada del Curso de Espiritualidad en el Centro Gestáltico de Montevideo. Las caras de todos reflejaban el agotamiento luego de otra intensa instancia. Siempre había espejos para ver las debilidades y las fortalezas propias en los rostros ajenos. El curso además de ser altamente movilizador y sanador en las jornadas pautadas para el año, nos proponía -cada tres meses- el cierre de módulo a través de ceremonias del Camino Rojo, camino de sabiduría de los pueblos indígenas de América. Era el turno -en quince días- de verse las caras en una ceremonia de medicina.

Estábamos en aquella especie de quincho circular, llamado Opá. Piso de adoquín, al centro un hueco de tierra y arena redondo de donde se levantaban las lenguas del fuego. Las paredes de aquel lugar eran enteramente redondas, hasta que unos metros arriba, nacía un techo de paja que subía pronunciadamente. Al final, unos diez o doce metros sobre nuestras cabezas, el quincho sellaba su altura hacia el centro, y este, al igual que en el hueco del piso, tenía una abertura circular, por donde subía el humo y escapaba hacia el cielo. Las más de cincuenta personas que nos encontramos allí reposábamos nuestras espaldas contra la pared, bolsas de dormir y algunas mantas se escurrían por debajo de nosotros. Al abrigo del fuego y con la consigna de centrar nuestra atención en él, pasaríamos allí la noche. Esperando el pasaje de los Hombres Medicina que repartirían los honguitos, medicina para la ocasión. Bajo su guía amorosa y una vez reunidas ambas clases – la de los sábados y la de los domingos – se daría comienzo a la apertura de la ceremonia. Alejandro se paró para abrir el juego, y comentó: - ¿Recuerdan que les dijimos que les íbamos a decir cuál grupo es nuestro preferido? Bueno, todos juntos, siendo uno solo. Una familia.

Ese día, luego de tanto caminar comprendí que vivíamos como humanidad en el mito de los enemigos. Buscando un lugar bajo el cielo y compitiendo por lo que es de libre acceso: el aire, el agua, el fuego y la tierra.

La astrología universal llama a este tiempo que llega a su fin, la era de piscis, y esta no es otra cosa, que la historia de los últimos cinco mil años, y tal vez me quede corto. La era de piscis es el tiempo de la dualidad espiritual y en el plano material, lo vivimos como el tiempo de los antagonismos, el tiempo de los enemigos. Un pez que circula en una dirección y otro en la opuesta. Lo que esconde este signo, es que ambos giran en torno al mismo círculo, porque así es la vida. Por tanto, más tarde o más temprano, debemos pasar por la experiencia del otro lugar al que hemos elegido. Por eso en algunos momentos escogemos ser la autoridad de nuestra vida y en otras la depositamos en alguien más. Siempre recorriendo ambos sitios que se miran a la distancia, ajenos pero necesarios y complementarios, para integrarlos en el corazón.

En la política se consagró hace décadas el saludo con la “V” de la victoria,  expresado con el dedo índice y el mayor levantados. Pero ninguna victoria parece ser suficiente a ojos de la ciencia política y sus actores. Hace tiempo se instaló la cultura progresista en gran parte de Latinoamérica. Parece ser el último paradigma que ofrece este sistema con el propósito de eternizar sus intereses. La representación de un cielo inalcanzable, la sustitución de la compra del paraíso, el mito del progreso, la invitación a estar siempre ausentes del aquí y ahora.

Este tiempo es el de unir ambos caminos, para transformar lo que la humanidad caminó de forma separada, en una sola senda. UNI DOS.

(También continuará)




Camilo Pérez Olivera
Ensayando otra manera de vivir¡!

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