lunes, 15 de octubre de 2012

Fábula de las fuerzas de las sombras y el miedo a la libertad

Hay un lobo y un cordero debatiéndose nuestra sangre y este cuento plagado de lugares comunes que vuelve a enfermar. A veces vivimos esta pesadilla donde los pedestales y los generales se pujan tu vida y la mía, nos separan y deciden adecuadamente qué será lo mejor. Por si acaso fuera cierto está la cama servida y los sueños tendidos para soñar. Pero también intervienen el sueño, por momentos "melonean" los oídos, cambian la voz con pretensión de engatusar. Los dos tienen acobardadas sus proezas y ejercitadas sus lenguas para seducir. Cuando no se hacen convincentes, gritan y escasean y carecen de suavidad. Siempre quedan jadeando, cansados, no importa que uno corra -el lobo- y otro baile -el cordero-, en el fondo son dos devoradores que gimen igual. Uno estira su rabito y comenta las bondades de vivir sin arriesgar. El otro no pierde tiempo en ademanes diplomáticos, está pendiente del momento propicio para salir a cazar. A mi me dan miedo los dos. 

Cordero unta su piel con aceite de tortuga para rechazar los rayos del sol, Lobo se alimenta de la luna y las nubes cuando la primera está pesada, llena o de mal humor. Las nubes pronuncian y propician oscuridades donde poderse agazapar. Uno está flaco y famélico porque come las ansiedades de los mismos fantasmas que tienen la sangre licuada, entonces esa sangre no lo alimenta jamás. El otro mastica coágulos de quienes impiden que la vida les fluya, los transforme y los cambie, entonces es una sangre "amarronada", endurecida. En el fondo ambos desprecian la vida.

Aunque Lobo y Cordero visten pieles de animales, juegan a ser humanos y eso los condena. Extraviaron su vocación natural. Quizás aullar a la luna al borde de un precipicio, anunciando a la manada la llegada de los espíritus, son eternos custodios de la ingenuidad. Rompen límites, se adelantan, se sueltan, se escabullen, se meten en el meollo del riesgo y aún así pasan inadvertidos entre la maleza. En cambio el otro es un servidor hogareño, cuidador de su porqueriza, medido en sus movimientos, su físico no le permite grandes destrezas  por tanto se encarga de marcar los límites colocando su cuerpo, aguantando los sobrepesos de los transgresores con su espalda. Suele embellecer con grave excelencia sus fangos y es un experto celebrando fiestas y preparando banquetes para fascinar al placer. Como Hombre, interpretaron pésimamente su papel en la danza de los bosques y perdieron sus virtudes en el comienzo de los tiempos. 

En el fondo, a Lobo y a Cordero no les quedó más alternativa que correr hacia lugares humanos, hacerse hombres, porque Hombre hizo de la vida de Lobo y de Cordero sus peores moralejas. Sentenció a uno a correr y a otro a bailar. Hombre domesticó las acrobacias de Lobo y Cordero e hizo de sus principios más elementales y salvajes puras metáforas, entonces los dos quedaron encerrados en las lenguas de la civilización. 

En el fondo, Lobo añora sus antiguos dientes y su estupenda audacia y Cordero sus gracias firmes y su repentina agresividad. Sin embargo sus vidas se convirtieron en hologramas, uno ara la tierra y esta eternizado a convertirla en fango y otro está atado a defender la comarca del hombre, lamiendo sus zapatos y su ferocidad. Hombre sin embargo se ha quedado con los colmillos, se le ha ensanchado desmedidamente el abdomen y carga a sus espaldas las contracturas gigantes de la sociedad virtual. Como su mundo es una pantalla que gasta la vista ya no sabe hablar. Habla como piensa, escribe con sus garras y no se levanta de su pedestal ni para orinar. 

En el fondo, los tres han perdido la virtud. Hombre por falta de carácter y Lobo y Cordero por falta de escrúpulos. Tanto Hombre, como Lobo, como Cordero han olvidado su identidad. Solo recuerdan sesgos de sus propias mentiras y sus verdades más añosas son meros devaneos, son rodeos que ni siquiera rozan con sus amarillas vergüenzas porque temen asaltar el corazón. Ninguno de los tres tiene memoria pero si gozan de un prudente estupor que los embarga en el planeta eterno de la melancolía y eso los hace presa de sus propios modales. Lobo le teme a Hombre, Cordero le teme a Lobo y Hombre le teme a Cordero porque sus pulsaciones son extractos de la sangre ancestral, cuando las embarcaciones de hombres vinieron a joder a las sociedades de lobos y todos terminaron hundidos entre los barros del pantanal. Recién allí aparecieron los corderos que ya estaban sumergidos hasta la coronilla en sus propios placeres, pues disfrutaban sin miramientos de los fangos en soledad. Entonces el primer corrupto fue el cordero, que por puro remordimiento de haber gozado sin compañía invitó al hombre a chapotear. Pero el hombre destronó al cordero y de un zarpazo actuó en su contra cuando apareció en escena el lobo que custodiaba la inocencia y la ingenuidad. El lobo, creyendo al hombre en peligro hizo frente al cordero y el hombre desde atrás se abalanzó al cuerpo del lobo, quedándose con su cuello y con su inocencia. El cordero, como buen samaritano, mostró por primera vez sus extraños dotes para transformarse en servil a quien portara el arte del engaño y la confusión. A partir de aquel momento los tres se convirtieron en Hombre, Lobo y Cordero y nunca jamás dejaron de actuar aquella parodia llena de hambre y vanidad.   

(Continuará)



Camilo Pérez Olivera
Ensayando otra manera de vivir¡!

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