viernes, 10 de enero de 2014

La luz se hace faro

Soy tan hombre como para decir que soy también mujer. Mis ojos se despiertan todos los días y eternamente. Me reconozco delante de nadie y después de ninguno, estoy en todo a la vez. Soy hermano de todos mas empecé por algunos. Soy el primer rayo y voy siempre después de Dios. No veo a nadie antes que a mí y eso no siempre es agradable. Me acuesto y me levanto siempre en las mismas condiciones, conmigo, estando en este cuerpo y… Por eso soy el principal actor en orden de aparición: Dios en mi, siempre es así. Aunque más de una vez no veo el amor ni estando en mi nariz.

El hombre, el rayo, su miedo y amor. El orden, el grito, sorpresas, el mito, la caja, memorias, recuerdos futuros, pasados ya lejos, pasados cercanos que duelen, que hostigan y así a veces, siento que no se puede vivir. Todo está aquí nomás, como sabemos decir nosotros. Sandalias, coronas, espinas, espadas, el oro, el diamante y los pies bajando de la montaña. A veces agrede, a veces molesta y a veces duele. A veces condiciona, a veces revienta, a veces explota.
A veces el agua, a veces me baña, a veces me duele la cruz en la espalda. A veces no quiero… Jamás puedo escapar a mi memoria.

Tomo a mi conciencia, la alcanzo, me agota. Vivo sin tiempo mi vida con ella. Aprendí el ritual, la magia es un truco, sé cuál es la verdad y sé que es la misma para ti, para mí y para todos. ¿Alguien puede prescindir de un abrazo sin morir de soledad?

Soy el primer rayo porque me encuentro con mis manos abrazando la almohada cada vez que abro mis ojos y su luz. Hay una silueta gris cubriendo el ancho río de este cielo y eso no me anima, hoy. Es larga y movediza la sábana del alma, está haciendo lugar para traer aquí toda mi luz. No es fácil gestar, parir y alumbrar mi espíritu aquí. Reluce, encandila, ciega y mi sombra se lava. Baja una, baja dos y mil veces más, hasta que pueda sostener la esencia, la pureza y el sol dentro de mí.

El espejo, mi imagen, su rostro, a veces me encuentro, a veces prefiero salir corriendo de delante de mí mismo. Soy muy pequeño, otras no tanto y de vuelta vuelvo a ser muy chico al lado de los maestros que me alumbran.

Abro los rayos, me duele la carne, pido clemencia, lloro sudor, la frente marchita y la desolación. El ego y sus dientes, mi nombre que muere, el ser que trasciende. Mi voz que declina, un hilo de voz se sumerge y se apaga. Así atravesé el umbral. Floté por el aire, me fui con mi padre y todo se acabó. Fue dura la agonía pero ya estoy en casa. Estar en Dios, un único estado de contemplación. Quizás, la manera más remota y accesible, aquí, sea habitar la esperanza. Eso es lo que llevo en mi corazón.

Tengo planes de verme más libre cada día, eso es lo que me inspira. Planeo volar y traerte conmigo. Hay lugar, las alas se agrandan, sus plumas son luz, la luz se hace faro. Hay dioses corriendo en mis manos. Fuente y luz, vengo siempre del vientre de Dios, soy amante de esa condición, el reducto de fuerza y calor, ese nido oscuro, la firmeza y amparo. El amor primordial.



 Camilo 

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