lunes, 4 de noviembre de 2013

Las lunas de Escorpio y el fuego que viene

Sol en Escorpio, Luna de noviembre, mis aguas no están en paz. Me estremecen con su movimiento. En mis mares más profundos se están lavando las culpas que me impiden seguir: tiranías heredadas, legados de dolor y sufrimiento, todo embalado con coquetas ataduras que no pueden sostener más la tristeza de sus ojos.

Hoy más que nunca, me desprendo de las ropas que están rotas y enciendo una hoguera que se lleve la mentira y todo el juicio que recae sobre mis hombros. No soy el miedo de los otros, soy la libertad que demolió a mi personalidad.

Esta mañana mis fuerzas estaban desaparecidas. Desperté agotado y en aguas, sollozando  
por momentos... Soñé con mis muertos, soñé con los que están preparándose para partir. Las generaciones que nos precedieron nos alcanzan hasta el umbral donde el temor se desintegra, allí… en el final de la vereda, en el cordón y en la frontera más cercana al amor. Nos piden dar un paso, entregarle un voto de confianza a la vida, dejarnos tocar por estos tibios rayos de sol de noviembre.

Escorpio y el agua, Sagitario y el fuego no nos dejarán escapar. Escorpio es el fuego del agua y Sagitario el agua del fuego. Estamos rodeados de los principios más elementales de la vida. Abandono la cómoda tranquilidad que me acalla y me retuerce, hablo y se siente bien. Bajo de mi alma la pasión y atravieso un colador de inmenso fuego que quita del mapa de mi vida lo que ya no seguirá acompañándome. Ahora estoy en mi energía vital, recuperando el aliento y el calor de mi sangre. Ahora me puedo despertar.

Las profecías están saltando entre nosotros, las profecías se construyen del material inconciente que todos depositamos en el campo mórfico, en el patio de atrás. Las profecías están hechas de miedos y sueños, las caras de la transformación. Las profecías caminan nuestro vientre, galopan en el plexo y son flechas al corazón. Lento pero sin detenerme, camino del círculo al fuego, salgo de la línea de los danzantes y me fundo en el calor. Soy la llama, soy la chispa y el crepitar, mi silencio te habla, mi silencio te ordena y te acompañará.

Ya soy aire, ya soy agua, soy el fuego, estoy buscando un tramo de tierra para penetrar. Un espacio de mi madre, un campo fértil y abundante que de pronto se dilate y me ofrezca el corazón.

Uruguay y Argentina están siendo empujados al sur de los acontecimientos. Estamos tomando el frío y nos estamos templando el alma para abrigar con nuestro espíritu el calvario del norte. Vivimos en la capital más austral del mundo y siempre que el cielo se apague, se queda guiándonos en el firmamento la estrella del sur.

Vienen imágenes de los sectores del mundo torpes y envejecidos que están prontos a cambiar. Las Sierras Maestras nos llaman y nos convocan. Llegan certezas de las tierras abiertas, de los espacios libres que nos esperan en la escasa altura que tiene nuestra horizontalidad. La muerte está llegando a tiempo, la vida está después. Quien no logre apreciar cuando la tierra y el cielo se abran y abracen, no lo tendrá que soportar, simplemente dejará esta realidad.

Ensayemos nuestra voz de aura como el cielo hace sonar sus clarines y la tierra su voz gastada, su voz de tierra asomando por los cuernos de caña y bambú. Entonemos nuestro canto, ese que nos lleva al centro de nuevo y cuando el canto se presente en un sueño, sabremos al despertar que es hora de hacer la procesión definitiva. 


Camilo

sábado, 2 de noviembre de 2013

La medicina y el rayo

Un chamán es aquel que a través de las plantas sagradas y de poder, ha logrado ingresar al misterio de la vida tal cual es. Son yerberos de la buena tierra, pues colocan al servicio de sus hermanos, la integridad de la luz.

Un Hombre Medicina es aquel ser que a partir de la conexión con las plantas sagradas, instrumentos de contacto con Dios, luego ha ido dentro de sí en busca de las respuestas que den sentido a su existencia. Un hombre se completa si logra viajar a sus entrañas y encontrar la visión más pura y transparente que su corazón devuelve. Eso es ser Medicina, tener tramos de intimidad con el espíritu y momentos en el círculo de la naturaleza diaria donde volcar la observación que el universo le señaló. Porque las visiones y las alturas alcanzadas son creadas por todos y hacia todos deben ser devueltas.

Un alquimista es quien aprendió en su soledad a hacer oro de su propio polvo. Un alquimista accedió a su geometría sagrada y en ella, reconoce como su propio espejo a cada faceta del universo. Limó con los dientes de la escoba del cosmos, las capas que lo separaban de su coronación.

El Hombre Rayo es quien descubrió en su corazón la pertenencia al cielo, a la tierra, al círculo del Sol. Es un sendero nuevo que no tiene antigüedad. Ese hombre debe canalizar el rayo cósmico y hacerlo girar en el plano de la tierra. En ese rayo están vivos los profundos códigos y mapas de la universalidad.

Quien se convierta en Hombre Rayo, despertará la ley de la totalidad para comunicarla y afirmarla en el planeta. En esa ley viaja lo justo, el equilibrio y la armonía que deben plasmarse fluida y sencillamente. Transformar la alquimia en rayo es dar origen a la composición de un nuevo círculo fundado en el amor y en el respeto a la diversidad. Es un nuevo orden.

La primera generación de Hombres y Mujeres Rayo se sentarán a su debido tiempo, frente a frente con los Hombre y Mujeres Medicina. Juntos, recibirán y anclarán un legado que el universo ha preparado y que no tiene precedentes en la historia humana.

En cualquier caso, implica un compromiso hacia una familia mucho mayor que los pequeños núcleos íntimos, pues el corazón de todos se enriquecerá al reconocerse hermanos y en unidad con todo.

No todo es antiguo en las formas, aunque la sabiduría que sostiene este plano sea originaria de la fuente de Dios. El Gran Espíritu y la Gran Conciencia están sembrando la edad del quinto Sol. 


Camilo

jueves, 31 de octubre de 2013

Portal de transmutación y sanación

A lo largo de este año 13, cada mes ha sido más exigente al anterior. Esto sucede porque luego de pasar enero, en febrero se manifestaron las energías de enero y febrero. En marzo, se presentaron las vibraciones de enero, febrero y marzo. En abril las de los tres meses anteriores y de abril, y así sucesivamente. 

En noviembre, las energías de once meses se concentran y en diciembre se potenciarán las doce juntas. El volumen final es en enero, donde se presentarán las energías de todo el 2013 más el mes en que se cierra el año de la serpiente.

Desde el próximo 31 de octubre y hasta el 31 de diciembre, el planeta y la conciencia humana ingresan en comunión a un portal inmenso de transmutación y sanación. Será como ingresar en una gran centrifugadora. Tal vez el resumen más adecuado pueda escribirse en una línea: lo que deba reunirse, se reunirá y lo que deba separarse, se separará. El resto de esta nota, es para desarrollar esta idea y sus criterios.

Para hacer más sensible aún esta apertura, luego de fin de año entraremos en los últimos treinta días del gobierno de la serpiente, por tanto este tránsito de tres meses será la última estocada preparándonos para lo que viene.

En marzo de 2014 la nave planetaria ingresará definitivamente a la quinta dimensión a la vez que su frecuencia continuará en ascenso hasta alcanzar en un período de algunos años, la séptima dimensión o frecuencia crística. En ese momento y de acuerdo al desenlace de muchos acontecimientos que tendrán lugar en el mundo, habrá poco espacio para algo más que el amor incondicional y se aceptará la presencia de quienes ya caminen desde su intención y voluntad ese aprendizaje.

Nos están tratando con mucho cariño a nivel cósmico, por eso es comprensible que se presenten estados gripales, resfríos, alergias, diarreas, mareos, malestar estomacal, dolores punzantes en el bajo vientre… La zona afectada es análoga con respecto a la prioridad que debemos atender en nuestra vida. Esto está sucediendo para depurar lo más posible nuestro organismo antes del ingreso al portal. Una vez dentro de esa zona, la afección se trasladará a nuestro mundo cotidiano, donde debemos enfrentarnos sí o sí a lo que más le tememos.

Las fuerzas del destino que no estamos aceptando, el amor presente y silencioso al cual nos estamos negando, el dolor que nos arropa, las relaciones distorsivas, los procesos que nos están avisando que culminan y nos agazapamos a ellos. La violencia emocional y física, la agresividad… Todo alcanza su límite. Todo esto se maximizará. Estamos hablando de un período ventana, de dos meses intensísimos. ¿Cuál es el sentido de esto? 

Que la Tierra pase a habitar en conciencia a la quinta dimensión no es alarmante, es una belleza. A lo que debemos prestar atención es que toda la vida en ella debe acoplarse a ese ritmo y frecuencia vibratoria. La gran masa crítica —400.000 personas— continúa en crecimiento, pero desde luego, no todos estamos en el mismo punto del proceso evolutivo, ya que este es netamente individual. Sólo debemos rendirnos cuentas a nosotros mismos.

Nos damos cuenta que algo cambió en nosotros cuando la perspectiva a través de la cual observamos la vida, se ve alterada. A eso se le llama salto cuántico, movimiento del punto de encaje o pasaje a otro estado de conciencia. Para la Tierra funciona igual, pero ese cambio lo expresa en el movimiento de su eje, en la inversión de su polaridad. Está dejando de sostener los estados más críticos y sufrientes para recalibrar su energía hacia un caudal de mayor amor.

La llama o rayo violeta ha modificado su sentido y poder, además de la transformación y transmutación, asume ahora la transfiguración, transpolación y transmigración. Genera y siembra el terreno para todo cambio. Asociado a la Tierra, acompaña y apuntala el movimiento del eje planetario. El detonante de su manifestación puede ser el fuego durante este período.

La llama o rayo azul, además de ser la línea de sanación del universo, se convierte en el depurador del alma, cerrando tiempos, aspectos kármicos y transparentando el camino, dotándolo de autenticidad. La impresión de su energía durante este portal será fundamental. Su movimiento sanador dejará en evidencia lo que es verdadero y lo que no, combinando claridad y luz a la misión y propósito individual y colectivo.

En definitiva, el portal se vestirá de azul y violeta, para que bajo el gobierno de los dos rayos, seamos llevados un paso más hacia nuestro destino. Vamos a ser movidos desde donde estamos, hacia el próximo estado de conciencia. Cada uno tendrá que descubrir qué pacto. En términos fríos y universales, la importancia de una misión o tarea se mide por el alcance que tenga, por el número de individuos a los cuales toque o reúna. Pero si vamos a ser llamados a ocupar nuestro lugar, es porque se precisa que cada cual asuma su papel, especial y único.

Es altamente probable que si le damos vuelta o le corremos la cara a la transformación, la vida nos muestre los dientes o recibamos golpes donde más nos duela. Nos van a quitar de las zonas de comodidad que estemos sosteniendo, pero —por favor— tomémoslo como una posibilidad de empezar a fluir.

Aquello que esté pendiente se sugiere encararlo antes, será una buena manera de desobstruir los caminos ante la llegada del gobierno de las llama violeta y azul durante los dos meses que vienen.


Camilo

viernes, 25 de octubre de 2013

Los arquetipos del destino: libertad (4)

El mundo ya estaba ordenado antes de que nosotros llegáramos a él. La conversión del conocimiento a la sabiduría implica que nuestros movimientos, en lugar de intentar organizar la trama, puedan entrar en ella y fluir, que nuestros pasos vayan al encuentro de lo que nos corresponde.  

Cuando se entiende esa regla, estamos ante uno de los espacios más sagrados de la conciencia. El universo externo y el universo interno comienzan a sintonizar, a encontrarse, sabemos que hay un telón de fondo moviendo la cara visible del espectáculo, del parque de diversiones que es la vida. Transformar la relación con la existencia permite conectar con el plan divino. El plan divino no es más que el gran misterio, el mundo de los sueños donde descansa la futura creación, y el gran espíritu es la conciencia manifestada, lo que ya está en la forma física. El punto de contacto con ese Gran Orden —o plan divino— es el mayor propósito; nuestra tarea y su desarrollo en comunión con esa gran conciencia o gran orden.

Sospecho que ciertas palabras pierden fuerza y utilidad cuando evolucionamos. El juicio final, la voluntad y el libre albedrío no es el campo que habitamos, estos arquetipos siguen vivos dentro de nosotros pero la vibración se establece y se coloca en otro lado.

Cuando el miedo se desenrolla de las entrañas y quien queda al descubierto es la esencia, no hay más adónde llegar. El corazón está listo para mostrarse y ser alimentado una y otra vez con amor y nutrir a otros, porque no hay nada que lo separe de su propia creación.

Si sabés que sos la belleza y el milagro de la vida, será navegar la luz. El transcurso en conciencia, da calma y serenidad para responder a las dificultades que se presenten, pero no por despertar estamos eximidos de obstáculos. La vida seguirá floreciendo y marchitando, ocasionando lo necesario para que el tamiz del alma adquiera brillo. El mapa de los dolores que nos condujo hasta ese momento siempre será el motivo de nuestro movimiento. Los más fuerte y transformador de nuestra experiencia vital no está precisamente para ser reparado o cerrado, sino más bien se convierte en el trazo, en el motor y en el impulso que nos conecta a la vida. El día que pude comprender eso, dejé de luchar contra cualquier parte de mi destino que se manifestara y se abrió lo real detrás de lo aparente, más vivo y resplandeciente que nunca. Estaba en condiciones de aceptar mis propias decisiones sin miramientos, las elecciones de mi espíritu.

No hay un sentir más estimulante ni un pensar más inspirador que aquellos que se levantan para hacer posible y fortalecer nuestra tarea. El gran desafío en este estado, es recordar que ya escogimos nuestro rumbo en un espacio más elevado que este. La invitación del universo en este punto, es que tomemos nuestro destino, lo que ya acordamos.

El destino en esencia es el recorrido, no la estación final. Estamos destinados a muchas cosas: a nacer en una familia, a determinadas experiencias que nos formen y nos devuelvan quiénes somos, a una pareja o a la ausencia de ellas, a llamar a las almas que serán nuestros hijos, entre infinitas variables. Todo lo que hagamos le da sentido a nuestro propósito y el propósito explica el para qué del recorrido anterior. Por eso asumir nuestro papel es un estado de conciencia, no un punto final.

Al entrar en este nivel, se cancela la necesidad de buscar porque el ser despertó en el mundo de la forma. Somos el caminante, abrimos el alma y soltamos el espíritu. Todo nos guía, todo nos enciende; es una frecuencia inmensa donde la pulsión abre la misión y esta nos familiariza con seres afines, con quienes compartimos ese destino común.

Hay distancia entre habitar el reino de las formas y ser concientes de que se trata de un gran teatro, a actuar dentro del reparto. Quien desarrolla un destino conciente es aquel que es capaz de transformar la obra, de acompañar el deterioro hasta la desintegración de lo que ya está muerto y dar frutos, es decir, crear nuevas alternativas.

Encontrarse con el destino es el calce justo, la horma de nuestros zapatos. Probamos en el pie, el molde del alma. El otro pie son quienes acompañan nuestro caminar. La vida devuelve la creación a la que nos ajustamos, siempre. Si nos acoplamos y entregamos por entero, la abundancia de amor en todas sus formas que está sintetizada en el ser, desciende a la existencia.

Lo que resulta de ese estado de gracia en uno, es que las relaciones en nuestro entorno se armonizan, acompañan  la melodía. Al ocupar nuestro lugar, el espacio de quienes están a nuestro lado se clarifica. Es más, quien abraza su libertad, sólo magnetiza y atrae hacia sí, a energías significativas con ese estado de conciencia.

Hagas lo que hagas, estás andando hacia tu destino y al construirlo estás caminando hacia la transformación más profunda de todas: la muerte. La misión que todos llevamos dentro se desata hasta desencausar en ella. Por eso nos cuesta involucrarnos en la vida, porque hacemos todo lo posible por escapar de la muerte. Anular el final de la travesía humana es como no nacer porque en algún momento nos tendremos que marchar de este plano. El destino está claramente asociado al desenlace de la forma física, a la desaparición y sin embargo la maravilla es anclar nuestra tarea aquí para llenarnos de vida. Sólo de esa manera podremos cambiar la relación con la muerte y entenderla como un pasaje necesario, del otro lado también esperan a su tiempo, por nuestro nacimiento.


Lo mejor que podemos dejar aquí es la impresión del espíritu en la materia, dándole la posibilidad al alma de que se apodere del organismo y la naturaleza humana que estamos experimentando. ¿Qué otra cosa te podés llevar a tu nuevo destino que no sea la memoria de haberlo dado todo, el registro de la libertad en la Tierra y volver con tu brillo al reino de las estrellas? Si nos inclinamos ante el universo, todo el cosmos nos devolverá el gesto.


Camilo

jueves, 24 de octubre de 2013

Los arquetipos del destino: libre albedrío (3)

Se puede elegir no pelear por el agua y el sol. Podemos discernir lo que no queremos para nuestra vida. Cuando discriminamos lo que no deseamos, indirectamente estamos llevando nuestro corazón hacia la única puerta que de verdad nos pertenece y nos estremece; el umbral que detrás, guarda nuestro destino. Podemos quitarnos de encima las expectativas ajenas, los patrones heredados y devolver a los demás sus pretensiones sobre cómo tiene que ser la vida que nos es propia.

Cuando no te sientas muy convencido acerca del sentido que estas tomando, jugá a tu favor y sé un buen estratega: comenzá a acorralar a tu corazón. “Esto no lo quiero, esto tampoco, esto no es para mí, esto menos”. Para que llegue la claridad, despejá la ecuación y observá qué es lo que pasa al no absorber obligaciones ni responder a las demandas a las que tan acostumbrado estás. Así se crea el clima del libre albedrío. Es un estado de “vacaciones” intermitente donde se negocia un poco de paz.
  
Lleva tiempo confrontar con los códigos familiares y las reglas sociales, pero es un muy buen momento para hacerlo. Cada persona está tan ocupada sosteniendo la pared para que su mundo no se le venga encima, que los reproches y reclamos que te hagan porque estás tomando tus decisiones y siguiendo tu camino, se disiparán rápido. Aunque parezca complejo, es muy sencillo. Es un gran tiempo para acudir al rezo —al agradecimiento y al pedido con intención de lo que sea que queramos para nuestra vida —e ir alineando pensamiento, sentimiento, palabra y acción. Al moldear nuestra energía y darle dirección a nuestro caminar, el universo comienza a encargarse de inmediato de que llegue lo que estés necesitando.

La manera de empezar a tomar la libertad es de a tramos. Es una energía tan intensa, que el albedrío va templando nuestra voluntad y facultándonos para operar dentro de las fuerzas del universo. No es igual lo que quiero para mí en etapas donde estoy aprendiendo a vivir y reconociendo quién soy, que cuando acepto lo que viene a las puertas de mi corazón porque estoy dejando caer el miedo que me separa de mi pulso vital.

Si una vez nos recogimos hacia algo distinto y el mundo no fracasó —que es lo que tanto miedo nos da—, entramos a un espacio diferente. Se empieza a jugar con el tiempo y a hacer cosas que nos hagan sentir bien y descubrimos que tenemos aire para algunos recreos entre la rutina de la vida. Así se fomenta la atmósfera en el libre albedrío.

Este estado, permite que podamos ir saltando entre las ocupaciones que nos mantienen en zonas de seguridad y confort y aquellas que nos alimentan el alma y se parecen más a lo que vinimos a hacer a la tierra. El libre albedrío es una frontera, es la búsqueda del lugar sobre el cual debemos tomar responsabilidad y la tarea que se despliega de ese espacio. Pero se llega a allí en base a perder el miedo a vivir y ganar lugar para el amor.

Probamos decenas de veces, muchas experiencias, muchas facetas, buscamos formas de interpretar lo que nos pasa y de crearnos. Vamos componiéndonos, integrando desde afuera lo que nos contacte con nuestro propósito.

En todo el andar descrito hasta aquí, nuestra capacidad de negociar se refina completamente entre lo que quiero —busco—y lo que necesito —encuentro—. Implica muchas renuncias, pérdidas y muertes en todos los niveles humanos captar la esencia, nuestra parte dentro del movimiento del universo que notamos, guarda una dirección y es sagrada. 


Camilo

martes, 22 de octubre de 2013

Los arquetipos del destino: voluntad (2)

Quien logra salir porque se harta de mirarse en los demás, rechazándolos y sin aceptarse, en base a un gran esfuerzo, logra parir su voluntad interna. Es el yo o la personalidad quien interpreta a partir de aquí, que todo lo debe hacer ella para lograr abastecerse y sobrevivir. Insume un enorme esfuerzo bancar el peso del mundo. Además de sentir que cargamos con nuestra vida, también sentimos las mochilas de quienes ni siquiera pudieron reconocer su voluntad interna para hacer el primer movimiento liberador. Caminar solamente con nuestra voluntad es una tarea titánica y de muchísima soledad. El mundo tal vez no nos someta tanto como en el nivel anterior, pero es un riesgo y una amenaza constante para nuestra permanencia en él, luchar contra todos.

En este espacio se desintegra la manera dual de ver la vida, pero todos los perfiles que navegan al lado, condicionan a batallar por un lugar bajo el sol y son muchos nenes para un mismo trompo.

Cuando la humanidad comprendió colectivamente que todos los hombres de Estado y los grupos económicos de élite, hacían las leyes y a la vez las sobrevolaban, entonces se quebró en la conciencia colectiva el miedo a disfuncionar. Hecha la ley, hecha la trampa. Si quienes hacen las leyes y quienes determinan el costo de vida, actúan por encima de las normas que escriben y decretan, entonces se gestiona un mundo subterráneo y marginal donde las cosas sucedan por debajo del sistema. Un mundo con dos redes paralelas: el comercio regular y una periferia cada vez más grande donde todo adquiere valor de reventa o se mercantiliza. La dualidad se sostiene como modelo, pero la pelea es todos contra todos y la ley, correr para tomar la ventaja.

En este estado de situación, la vida pública dejó de ser la tierra prometida y el valor al cual la humanidad traspasó su importancia es al privado. El traslado nos convirtió a todos de ciudadanos a usuarios, a la vida en una gran cosificación y el retrato de nuestras aspiraciones quedó colocado en empleos dulces y créditos abiertos al consumo.

El enfrentamiento en este punto de la conciencia no tiene dos caras, tiene miles. Las mismas empresas que generan islas para sus empleados y que se encargan de sus sueldos, también instalan el interés por productos que en la cima de la pirámide, son de su fabricación o de la cuña cercana.

Tenemos garantizadas varias derrotas en este estado de conciencia. La voluntad personal es muy pequeña en el universo y cuando se enciende para comerse al mundo, se está enfrentando a voluntades como la suya recorriendo el mismo laberinto en el afán por adquirir un nivel de prestigio a la altura del grito y la moda. En este estado, las leyes se hacen invisibles pero no imperceptibles.

Unas cuantas caretas y capas se desploman en este camino, las más frágiles y vulnerables que no soportan la crudeza de la escalera al cielo que ofrece la aldea global y su tecnología. Cuando perdemos la fuerza paulatinamente, nos recogemos buscando espacios que puedan devolver la vitalidad que se quedó por el camino. Desistimos de ciertas batallitas. Nos damos cuenta de que no tenemos que estar en todo ni que hay alternativa de controlar las cosas. Si estar en un lugar antes era indispensable, comenzamos a notar que no se cae el mundo porque no nos estemos ocupando de apuntalarlo y de presenciarlo. 


Camilo

lunes, 21 de octubre de 2013

Los arquetipos del destino: juicio final (1)

Los estados de conciencia definen la vida en el mundo de las formas. Todo lo que conocés tiene un orden y dentro suyo, hay jerarquías. Dentro de esos niveles de conciencia, desde los espacios más bajos a los más altos, hay leyes que rigen nuestros comportamientos y sus posibilidades.

Cuanto más involucrados estemos en el mundo de la materia, en lo terrenal, más sujetos y sometidos estaremos a las reglas. El estado de conciencia más denso, en sociedades estructuradas, es aquel donde se hacen leyes, se juzga, se educa y el Estado se adhiere a una religión. Es un sistema de creencias muy viejo donde las personas se desligan de los espacios en donde se da dirección y sentido a sus vidas. Es una forma infantil de ordenarnos, puesto que entregamos nuestra responsabilidad enteramente a otros hombres y mujeres como nosotros. Es una manera de no hacernos cargo.

En ese mundo se encuentran todas las instituciones que siguen sosteniendo esta manera de vivir basada en el sometimiento. Si nos fijamos bien, aún este mundo “oficial”, también cambia y se transforma, pero siempre ocurre lo mismo, toda parte que asume protagonismo, genera antes o después, su contrario. Esto pasa porque las relaciones, en lo más crudo de la materia, están basadas en el desarrollo del poder y en aplicar la fuerza que nace de este hacia el combate con el matiz opuesto al propio. En este nivel de conciencia lo que nos sucede tiene un culpable y el juicio contenido hacia nosotros mismos, lo trasladamos afuera a cada instante. Es un naufragio bien doloroso.  

No existe libertad posible, sino un juicio permanente ante toda forma de vida que se manifieste distinto a cómo yo percibo el mundo. Aquí entendemos que la fuerza de la existencia revela un destino donde la desesperanza está latente y ese fuga genera el conflicto con la verdadera naturaleza. Esto hace que aparezca siempre alguien con quien despertar la guerra, a esto es lo que llamamos dualidad o una parte de ella. Este estado de conciencia es lo que las religiones han planteado como “juicio final”, pues se nos va la vida ante cada enfrentamiento que nace de lo que no podemos aceptar en nosotros.

El campo energético que rodea esta realidad, hace que los recursos que sostienen esta orientación, finalmente se agoten porque no hay alma que soporte eternamente esta relación con la existencia. Y el agotamiento que desciende del alma, se expresa y se materializa en el mundo. Por este motivo, el destino en la desesperanza y en el gesto fruncido, es estático e inmoviliza, tragándose como ya ha sucedió, cualquier civilización que sostenga la opresión como una constante. La tensión permanente entre quienes se mantienen en este nivel en momentos donde el amor se está levantando, ejecuta un quiebre definitivo, la última batalla entre las polaridades, ese es el juicio final. Es el estado de conciencia más difícil de mover, hasta que una persona o un colectivo no defina que merezca una realidad menos agresiva.


Camilo