martes, 10 de septiembre de 2013

El misterio sos vos

Hombres atreviéndose al amor, hombres surfeando en la tempestad, no importa si es agua o es fuego, de todas maneras es tempestad. Hombres amanecidos y sueltos, hombres dispuestos a ser hombres y a albergar a su femenino en el corazón. Hombres sanando a otros hombres. La primavera es de los hombres al sur luego de un invierno turbulento, frío y por momentos desolador. De nuevo hombres con fuego en su corazón. Animados, cansados de largas caminatas bajo la lluvia y el sol interior. Hombres con deseos, con anhelos, hombres listos para soltar el animal que también son.

Empezó el fuego en la boca del fuego y habrá más fuego del que imaginás. En la vida, en la guarida el dolor quita la piel. No hay rima para el dolor, ni hay talla para describirlo. No se puede ver más allá de la herida cuando la llevás prendida. El mundo se cae, pero no afuera, se cae en tu corazón. El trance a un estado de sueño, te acostás sólo para despertar. Estamos encendidos por dentro y por fuera, estamos listos a saltar. Estamos a punto de andar el sueño y ese sueño también te quiere soñar.

Mujeres diosas soltando a los hombres para verlos brillar y volverlos a tomar. Un camino eterno y una memoria que naufraga. Isis desaparece, se incrusta en nuestras intenciones, Magdalena nos acaricia, nos besa y se eleva al más allá. María despierta en el corazón femenino del hombre y la mujer y se funde con Dios. Juana de Arco es nuestra revolución.

Los dioses se acaban, se derriten en la primavera para devolvernos a nuestro amor. Hombres y mujeres gigantes levantando su propio dios. Hombres cristales y mujeres radiantes, dueños de la luna y el sol.

Córdoba en la cima, los santos que alucinan y la tierra de las montañas nevadas iluminándose. Todos al borde de un colosal precipicio que nos coloca en la vida y nos quita de encima la comodidad y el confot, y estos dos nunca fueron tan parecidos a la muerte. Todos ante la nueva frescura, todos ante el final de la amargura y el principio de los tiempos que llamamos e invocamos, alumbrándonos.

La delicada línea roja, la transparencia del azul, la naturaleza que somos, la normalidad que queremos dejar de aparentar. La transfiguración violeta, la intensidad del oro bañándonos. Un verde que son mil verdes de consagración. El rayo dorado vertiendo la paz, enseñándola.

Siria que se deshace, Medio Oriente que no aguanta una guerra más. África en su atardecer y el mundo escribiendo su punto final. La adoración mansa y rosada, y el blanco pureza y resurrección. Todos los marcos derritiendo la antigua pintura, el calor y el frío revolviendo y revolcándonos. No hay témpano que se resista cuando sos lo que sos.


El punto de muerte, el punto de eclipse, el riesgo de verte y no sacudirte. El misterio se aclara y la piedra se parte, la ternura amanece y el cántaro amante insistiendo en su fuente. Ya vas a ver tus aguas tomando avenidas, lavando tu herida. Vas a encontrarte con el milagro llegando desde el fondo más hondo, más allá de los vientres, más allá del imperio del odio y más acá del amor.


Camilo Pérez

jueves, 5 de septiembre de 2013

Al otro lado del vacío

Me encuentro al filo del dolor, en su umbral.
Estoy dispuesto a quitarme el escudo que me separa de lo que necesito
y con la voluntad de dejar mi vieja piel en el laberinto mundano
y para siempre existir en lo trascendente, lo simple y lo hondo.

Me encuentro en el umbral,
con mis resistencias agotadas, diezmadas, acabadas.
Tener claro el sí mismo y que hay vida cuando todo empieza
desde el punto de luz que soy hacia la creación, es inaugurarse.
Entonces voy claro aunque afuera me espere el caos
de un tiempo anterior donde mi conciencia
escribió el mapa para que mi cuerpo,
delgado, fino, rapaz y veloz; lo cruzara luego.

Me tendí la ruta personal. Sembré mi propio abismo
para no tener otra opción que sentir el precipicio.
Y aquel hueco abriéndose bajo mis pies
hizo que desatara las alas de ángel y halcón
un segundo antes del fondo que llegué a rozar.
Un momento después de que los miedos estuvieran completos
y el fracaso ya lo gobernara todo con soberanía.

Así de drástica apareció está parada:
tomé asiento y partí hacia el final de la tierra.
Detrás de mí el fuego le quitaba la ira
y los enojos atrasados y arrastrados al amor.

Yo me llevé mi amor en aguas y mis convicciones heridas en el corazón
para sentir de verdad, que lo hecho fue tejido por el mismo destino
que ahora se ofrecía estrecho pero único.

No tuve reproches conmigo,
desarmé mi alma para que nada quedara sin compartir,
ni las penurias ni las suertes como tampoco las visiones esclarecidas.
Todo lo desnudé, cada margen:
levanté el cielo y la tierra para captar una posibilidad,
corrí las nubes y clavé mis manos en el suelo, buscando raíces y rayos
para servirlos, para alimentarnos, para hechizarnos.
No fue suficiente para amainar la tormenta
y entonces fue un temblor, luego dos y después miles.

Quiero un hogar con los míos después del dolor y el umbral.
Quiero que los míos suelten la ceguera
y se animen a ver por vez primera, renacidos y sobrecogidos por la luz.
Quiero un lugar completo entre la madre y el padre,
un espacio abastecido por la abundancia, fértil para los anhelos.
No me importa cómo se presente el cielo ni cuánto haya que labrar
mientras el azul y el verde estén constantes y pulsantes en mi corazón
y en el latir permanente de los que me rodean.

Dos pies seguros para partir los tiempos que me deshabitaron
y las plantas sujetándome al centro de la tierra.
Más que partirlos, renovarlos, ¡más que eso!
Reconquistar el amor, el mío, el tuyo, el que nos concierne a cada uno.
Asumir lo que me separa de mí y crecer para alcanzarte y completarte.
Así me sentiré elegido.

Mi entera dedicación gira su flecha para dar a tu blanco
y que estalle la luz y nos estampe su brillo elevado y conciso.
Me acuesto y me despierto del otro lado, entre el canal y su bulevar,
dispuesto a encontrar tu alma
en cualquier rincón del universo.

Sé el futuro, es un presente en otro tiempo de la dimensión de la conciencia.
Me envuelvo en Dios, me vuelvo a Dios, voy bebiendo y absorbiendo de esa fuente.

Tengo la suerte de mirar más allá de lo terreno,
la ventaja de atraer lo bueno y verme crecer el corazón.
Hay un vestigio de fortuna y un vértigo que madura para ligar el amor.

El equilibrio constante y la armonía que abrasa,
la medicina está en cualquier lado, en el lugar más insospechado
y una canción te dice lo que no me atrevo a decir.
Un espíritu sin hendiduras, un camino sin fisuras
para recoger lo que me hace sonreír.

Un talón y la inmortalidad, finita, eterna.
Un renglón que se comunique
y la tinta en las biromes escurriéndose, inagotable.
Estoy escalando los abismos, estoy haciendo surcos en el aire.
Estoy volando las cimas, estoy deslizándome entre las hojas
de un invierno a punto de terminarse.
Estoy recuperando la frescura
mientras llegás escrita por las frases que te evocan.

Nos convocan las alturas,
me reservo los besos y la ternura que te pertenecen.
Hay una primavera que está a punto de bajarle el telón al frío.
Están esperando por mi imaginación al otro lado del vacío.




Camilo Pérez

martes, 3 de septiembre de 2013

Lo simultáneo y los espejos

Me repito al sur para pararme otra vez, 
todo mi plumaje luce desvestido y estremecido.
Las fuerzas de lo insondable penetran de nuevo en mi vida,
agresivas, sorpresivas y extensas.
Abandonan la pasividad para dejarme sin recursos más que entregar mi piel.

Fui dragón en el dragón y soy serpiente en la serpiente.
La personalidad que no somos pero que identificamos
como nuestro genuino perfil, no puede resistir para siempre.
Creéme, todo se nota y cuanto más esfuerzo pongas
en permanecer inquebrantable,más veloz estás yendo a tu destino.
Si escogés el modo menos amoroso, los muros están a la orden
para derribar tu decadencia.
La vida se hace un festín con nuestras hostilidades
y las devora sin consultarnos.

Volví al sur, al medio de la ciudad a descubrir que puedo
y que llevo en mí al orden natural.
Que también puedo contrastar el gris urbano
y recorrer las calles de mi integridad.

Bien podría haber sido a la falda de un árbol,
rodeado de copetudas y pequeñas telas amarillas cortadas,
todas ellas unidas con hilo a tono, forrando cientos de puñados de tabaco.
En cada uno, mi energía y rezo allí dispuesto, 
cada trozo de mi vida expresado en ello.
Podría estar ahí mismo, con su copa como mi cielo 
y con la mirada dirigida a la orientación 
donde se va en busca de la visión integrada de nosotros mismos.

Sin embargo son las calles y el caminar 
las que sostienen mi fiebre, ardiente y demente.
Las noches, cada una de ellas, 
se abren con la misma intensidad y vehemencia.
Es un delgado cordón desde donde aprendo a  convivir
con el implacable mundo del espíritu, 
allí también estamos todos envueltos.
En él aprendo bajo el manto oscuro, 
a moldear una realidad irreversible que se plantará luego
en este contexto que a veces resulta grosero
por lo obvio y predecible, y otras veces intempestivo, 
por lo que no espero.

Asisto cada luna a encontrarme con lo que hoy estoy desencontrado
pero unido indefectiblemente.
Allí es donde siempre se teje primero el amor.
Allí todo se llena de magia, sueños y revelación.
No hay descanso ni en el orden del espíritu
ni cuando este plano de ilusiones madruga con el sol.

Hay espejos tenebrosos que te devuelven el veneno de tu historia.
Hay espejos que francamente no te saben mirar
y te refractan engaños y buenas trampas de amplios decorados,
esos que se ajustan y se anudan con delicadeza y perverso riesgo.
Hay espejos que responden al crudo de tu paleta original
Esos reflejos duelen  pero son inalterables como la verdad
y esta tiene una sola cara para todos y es el amor, 
alto y cercano,pero sobre todo alto.
Los espejos largan humos, los espejos hacen que muerdas el polvo.
Los espejos te reconocen cuando son bien pulidos
por la impecabilidad de su esencia.
Los espejos te estrellan con tus fracasos y te enseñan a vivir.

Hace escasas semanas, un hermano, espejo de mi propio fuego,
me advirtió de la inminente turbulencia y desde entonces
los días y los espasmos se suceden con violencia.
Estos días son sobre todo impresionantes, como los espejos.
La verdad que la vida no juega a los dados, rompe el azar
y se muestran en torbellino las sincronicidades.

El dormir se despertó hace años
y acumulamos larguísimas horas de vigilia a la orilla del tiempo.
Tras el paso de las agujas sofocamos el pensamiento,
con la cabeza colgada y descolocada
ante la fortaleza y la lucidez con que se presentan las revelaciones.
Ellas son sólo comprensibles para el corazón,
el único que puede sostenerlas.

Lo sabemos todo y no entendemos la magnitud de lo que estamos viviendo.
Nos supera el misterio.
El cielo y sus brillantes secuaces se mofan de nosotros,
nos avergüenzan dejando al desnudo la escasa capacidad de darnos cuenta.
Ah… Ego, ego, ego… Ni serás eterno ni florecerás de nuevo.
No tenés chance ante la realidad que pisa los talones
y que incendia la vaga inteligencia.

Es tú momento, corazón. 
La percepción y la intuición son tus manos y tus dones.
Cuando elegís latir desde allí, construís el amor que tanta falta nos hace.
Reproducís inteligencia cósmica y sabiduría divina.
Cuando optás por estar vivo, golpeás la mesa que te limita,
te alimenta y te condena, donde el plato repetitivo y antiguo
es la discordia y la comodidad.
Cuando bailás y batís desbocado, te acordás del ritmo del universo,
y las piedras que te cubren se desintegran
y el calor comienza a danzar a tu alrededor.

No hay mayor acto de coraje ni medicina para la existencia
que romper el silencio, darle palabras al dolor,
ser certero en quien merece ese lenguaje
y convertirte en un gigante al cual la vida le atraviesa constantemente.
En presencia de alguien así, mi ser se inclina.





Camilo Pérez

domingo, 1 de septiembre de 2013

El amante

Estoy parado ante el dolor más grande,
estoy plantado con el miedo delante
detrás y a los costados, encima y debajo de mi.
Pido y clamo a todo lo que existe y es que cada gesto
y manifestación que me oprime sea cancelada,
neutralizada y llevada definitivamente a su cierre
porque merezco y elijo la felicidad.

Cada vez que me opongo a alguna parte de la existencia,
me estoy resistiendo a otra oportunidad de ser feliz.
Por eso en este momento me declaro libre
y en la experiencia del amor incondicional.

Como decido no castigarme más, realizo esta afirmación
y cuando entre en relación, cada día y cada noche,
le pido a mi espíritu que me recuerde
este compromiso conmigo mismo.

En este momento me encuentro completo de amor, dolor, miedo y belleza
y agradezco a mi memoria el recuerdo de que toda censura
agrede mi oportunidad de abrir el corazón.

Respiro al universo y un instante después lo entrego y en ese movimiento,
descubro qué cambió: reintegré a la fuente
—fuerte, flexible, plástica, dinámica y total—  por entero mi enfermedad.
Quiero ahora colmar mis pulmones, llenarlos —sin ahorrar— de inspiración.

No encuentro otra opción en quién soy: o me revelo completo o me perpetuo a no ser.
Me defino íntegro en esencia y existencia y reclamo que todo cuanto transite
permita reencontrarme con esa revelación.

Me sé irrepetible y por eso digo que tengo la alternativa de no repetir factor alguno,
heredado o enquistado a mi genética y memoria,
que ponga en riesgo y se resista a la paz que me habita.

Me libero de cualquier condena sostenida individual, familiar y socialmente
y te insto a que reclames tu liberación y tu estado de claridad.

Le permito a mi conciencia y a mi inteligencia física y espiritual,
sentir, pensar, imaginar y crear aunque ello contraste con cualquier estereotipo
moral, ético y estético de la época en que he decidido vivir:

todas las formas son mi forma, todos los colores son mi color.
Todas las razas son mi raza y todos los latidos están en mi pulsación.
Toda la tierra es mi espacio y todo el cielo soy yo.

Me declaro sin tiempo, sin patria, sin bandera ni religión.
Me declaro en rebeldía ante cualquiera
que ose interrumpir el libre flujo de la libertad.

De la creación escojo la caricia, el beso, el abrazo,
el gozo, la dulzura, la ternura y el placer para hacer el amor.

Como camino, decido el perdón y la reconciliación,
el consenso y el acuerdo, el círculo y la horizontalidad para andar en familia.

Para transitarlo, me entrego a la confianza en la autoridad que emana del corazón. 
Porque la templanza de cada hombre se expresa en sus ojos,
auténtica manifestación de la edad de su alma
y alquimia perfecta entre la simpleza y la complejidad.
Y  al decirlo, para siempre estoy asumiendo mi responsabilidad de ser feliz.

Cuando me encuentre ante la vida, despierta o dormida y el olvido me venciera,
le pido a este instante que me devuelva a la conciencia de que ya soy pleno amor.

Para que se barra del mapa la ilusión de la separación,
despliego entre mi mundo y el mundo, entre el universo que soy y que sos,
la verdad más alta de todas: el amor.

Pido la compañía de quien se sienta merecedor de esta realidad
y solicito, se me asista y ayude, a ser buen canal y facilitar la felicidad.
Me reúno a partir de ahora sólo con quien desee andar
tras la huella que lo lleve a descubrir quién es.

A partir de aquí, permitiré la compañía de quien pueda gestar junto a mí
un instante de belleza, magia y fascinación.

A partir de aquí acepto la compañía de quien reverencie la vida,
porque si lo hacemos, comprendimos cómo es.
Porque si danzamos esa melodía, se desintegra lo que no es verdad.
Porque así restauramos y reafirmamos el lazo entre la esencia y el corazón.

Tomaré asiento y reposo y caminaré del lado de quien sienta llegar desde las profundidades
—incluso de atrás de su corazón—la reverberación de la vida, la vibración.
Ese es mi estado y su revolución.

Que mi movimiento imprima la exaltación de lo que es bello y exultante,
el gesto de gracia natural a cada ser.

Hay un campo magnético y acelerador donde se levanta el regocijo
y el sonido que proviene desde el silencio y la intimidad.
Esa rueda de hermosura se expresa y se vuelve de nuevo al silencio primordial.

En este momento canto mi completa interrelación
con todo lo que vibra, late, pulsa, sueña, desea, anhela, siente, piensa: es.
En este momento sentencio a mi poder a pararse humilde, firme, sereno,
tolerante y paciente ante la transformación y la impermanencia de la vida.

Sólo desataré mi guerrero ante la hipocresía, la ironía y el juicio,
ante la soberbia, la arrogancia, la suficiencia, el orgullo y la vanidad.
Cuando de rienda suelta a esa condición, ¡avanzaré!
Seré conciente y estaré presente para no derramar mi energía vital
por lucha o conflicto alguno. Pues nada ni nadie merece que extravíe la alegría y mi sonrisa
ni que olvide mi natural estado de bienestar.

Seré franco por el compromiso hacia la verdad y el respeto hacia mí mismo.
Seré el mejor espejo que pueda al absurdo y a la falta de sentido común,
aquel sentido y movimiento continuo que respira el orden universal.

Desalentaré la distancia con la cósmica armonía.
Optaré por la elegancia y la canción para nombrar a veces al dolor,
por delicadeza hacia la herida, para envolverla en melodía
y retar a la tristeza e interrogar la soledad.

Somos uno, somos todos, yo soy tú y tú eres yo,
soy la galaxia hecha a medida y una expresión de Dios.
Mi amor crecido, engrandecido, tiene permiso para estallar
y cuando eso ocurra, seré existencia en el universo de los demás.
   
Estoy y estaré en el tambor y en el paso del caminante,
rumeante de la vida, contemplando lo que mis ojos ven.
Toda mi casa es el aire y la inmensidad, el hombre desvelado,
el hombre despertado por el rayo y el amanecer.

Toda mi casa es la tierra y su arena es mi piel,
sensible y duradera, que se escurre y se constela.
Soy fruto y monte nativo, el halcón, el águila,
sus ojos y el ojo humano, el colibrí y el cascabel.

Soy un escudo y el temple, el cáliz y el rey.
Soy la sal en el llanto bañando la herida, regando la vida y cerrando el dolor.
Soy el misterio constante y la muerte que pulsa y vuelve a nacer.

Estoy en el extenso vacío, en el fuego y en su chispa,
en el agua empapada, fría, tibia y encendida.
Estoy en las luces, en el búho nocturno y en la tempestad,
en su relámpago y su tormenta, en la estrella y la raíz.

En este presente me despierto a la opción de sentirme extasiado,
vulnerable y permeable ante el misterio constante y la muerte imprevisible.
Devuelvo a mis entrañas la interdependencia infinita y precisa hacia el amor.

Me envuelvo en el amparo del Gran Misterio para ser acunado cada luna
y que ella acompañe el canto de mis hijos como lo acompañaré yo.
Los arrullaré en la noche cósmica, cuando el día alumbre otra latitud
y seré arrullado y alimentado, como mis sueños,
por la espesura de lo ingobernable, lo inevitable y lo invisible.

Me entrego a la voluntad del Gran Espíritu y libero a mis hijos de mis expectativas
para que al abrir mis ojos y los suyos podamos ir al encuentro del Sol mayor.

No habrá verdad que resulte ajena a mis convicciones si proviene de lo genuino del ser.
Entonces mi perspectiva conquistará una realidad completamente nueva
a lo que imaginó un momento atrás.
No me excuso ya, reconozco ser conciente de que todo cuanto es a mí alrededor,
constituye el espejo de mi creación.

Sé el poder de la palabra, fecunda y nacida del orden del silencio,
canal del espíritu y expresión del alma. 
Desde esa comprensión y entendimiento
construyo esta poesía y mi posición ante la vida,
que es un rezo, una intención y una energía para el que quiera acompañar.




30 de agosto de 2013
Camilo Pérez – Hombre Rayo
Año de la serpiente. Tiempo de la red del cielo en la tierra.

jueves, 4 de julio de 2013

Caminante del cielo: este es tu lugar y nuestro llamado

Las canalizaciones son la manera más concreta de reconocer cuando somos portadores de la esencia del cielo, cuando nos baña en sueños, imágenes, pantallas o mensajes. Hasta ahora, los ángeles que caminan la tierra no se han visto a sí mismos como tales y sus largos recorridos han sido solitarios y angustiosos. Hace un tiempo recibimos la bendición de Hombre Rayo —Camilo— y Mujer Rayo —Noelia—y aceptamos ese compromiso que como espíritus habíamos definido. Las tareas son vastas, cuantiosas y exigentes, pero ninguna es tan difícil como el habernos sostenido en soledad durante tanto tiempo. Primero nos convertimos en hombres y mujeres para luego tomar contacto con nuestra medicina, aquella magia que habita en nuestro corazón y cuyo compromiso es ponerla al servicio. Aceptamos su esencia luminosa y poder y comprendimos que no hay mayor autoridad en la naturaleza del cielo que la del rayo abriendo la tierra, penetrándola y fecundándola, eso es traer la divinidad y su memoria a este plano.

Nuestra razón de ser viene del corazón y lo que este irradia es toda la frecuencia proveniente de los órdenes universales y gracia cósmica. Estamos desarrollando nuestro trabajo en dos direcciones: instancias individuales y colectivas. No trataremos aquí la línea particular de nuestra tarea, pero sí queremos compartir los espacios de encuentro grupales. El próximo sábado 13 de julio comenzamos otro viaje al contacto angelical, primer peldaño de las esferas celestiales. Nos sentimos bendecidos de esta iniciación que da contención a los canalizadores, facilitándoles mediante un encuadre teórico-práctico la cercanía, el cuidado y apertura al cielo que pertenecemos. No hay otra formación iniciática que contenga y distribuya la relación con los planos sutiles y el contacto con los Maestros ascendidos, su sabiduría y entendimiento y eso es una gran responsabilidad que también nos gratifica. El marco de la iniciación provee la seguridad de caminar lo posible, respetando tiempos y espacios individuales. Les afirmamos que será transformador y sanador porque ese fue nuestro rezo, tanto como ustedes se lo permitan. De igual modo, queremos informar que estamos corriendo junto a un equipo de trabajo que esencialmente despertó su medicina del cielo, ceremonias o ruedas de sanación sobre distintos formatos que han sido canalizados y bajo la custodia del Fuego Sagrado y su diseño particular.


Estamos viviendo un tiempo sin precedentes, donde el registro universal se abrió completa y definitivamente. Se acabaron las etapas donde transitábamos partidos de nuestros hermanos, custodiando con nuestras vidas la sabiduría en grupos herméticos y formaciones cerradas. Ahora el único filtro para acceder y vivir en la verdad y el amor es alinearse a la armonía de las leyes del universo y su amparo, si nuestros movimientos no se manifiestan desde el respeto, entonces nuestra propia naturaleza nos impedirá llegar. Como nunca antes, quienes traemos en nuestra esencia al cielo, estamos reencontrándonos para caminar en círculo sobre la Tierra. Por eso insistimos en la importancia de traer la divinidad a este plano o anclar la luz en la materia para despertar la memoria de quiénes somos. 


domingo, 2 de junio de 2013

Iniciación en canalizaciones: un viaje de amor

Les queremos ilustrar a través de esta nota acerca de la iniciación en canalizaciones. Hemos recibido y canalizado este método que integra a todos los órdenes en un viaje que comienza honrando la tierra y que lleva destino divino. Si las canalizaciones hasta ahora corrían libremente y las más de las veces su veracidad dependía de la pureza del canal, esta posibilidad que les acercamos ocupa un terreno virgen. Los Maestros de todo el cosmos han querido que así sea, han cooperado para favorecer un profundo encuadre que facilite un viaje inspirador a la vez que contenga, resguarde y proteja a la dimensión humana. Ha sido para nosotros un verdadero goce, una exultante tarea poder anclar y bajar este orden de cinco peldaños que forma canalizadores y sana relaciones.

Bajo la custodia y protección de todos los órdenes divinos para que llegue al corazón de cada uno de ustedes, les presentamos estas líneas al amparo de la luz y su gobierno. 

Aquí la nota:

Vivimos en un mundo de formas que agrupan contenidos. Habitamos un espacio que cuenta con limitaciones y condicionantes. Estamos atravesando la experiencia humana en la escuela de la Tierra, tal vez una de las más difíciles del universo. Aquí, nuestra libertad depende del equilibrio entre romper con lo viejo y traer nuevas estructuras y que estas respondan para hacernos bien.

Hay una enorme fantasía  en la espiritualidad, es pensar el mundo que se viene sin esquemas ni diseños. Es un imposible. Desde el enjambre mismo que da vida, nuestro espíritu se sirve del dharma y karma para  —a través de los obstáculos, aspectos kármicos— poder desarrollar el dharma —nuestras virtudes o capacidades—. El camino de ser hombre implica resolver entuertos y recorrer laberintos y esto es tan inevitable como que la rueda está torciendo su destino hacia el orden mayor.

La luz ingresa, la luz nos baña y es pura vida. La luz desprende luz y esta nos enciende e incita al viaje. Al principio, cuando nuestra lucecita apenas sopla hacia adelante y parpadea más que se sostiene, la ruta de las maravillas nos coloca tras el sendero de un corazón que brilla seguro en el amor.

Hace un tiempo me propuse estar al frente de mi existencia, ser la cara visible de mi propio perfil, dejando las etapas en que la referencia la buscaba afuera. Levanté la voz desde el color con que logro sintonizar y decidí trabajar al servicio y en relación. El universo me devolvió el gesto haciéndome facilitador, obrando para la cercanía entre el cielo y tu luz. A bordo de esa nave comencé a operar distinto, la gracia estaba de mi lado porque yo estaba del suyo. Al creer en la fuerza de la vida, confié en los corazones de uno, de dos y de todos, porque la transformación floreció primero en mi. Desde ese entonces, sé que puedo colaborar.

El camino no tiene regreso porque la responsabilidad de la que nos hacemos cargo no tiene devolución. En esa dimensión nos convertimos en faros, una guía, una llamita componiendo el gran fuego. El camino hacia el origen está provisto de ventajas  y bendiciones, pero también de rudas pruebas. Transmito mi convencimiento  de que no hay corazón que aguante la pena para siempre ni tanta desesperanza junta. En algún momento muere la agonía o agoniza la vida en manos del dolor. Como sea, reinará la transformación. No hay piedra dura para la dulzura.

Para que todo sea completo debe haber una reverencia del orgullo al amor. Conectar al origen es una cara memoria, implica renuncias, pero la gracia mayúscula es desprenderse de la orfandad. Ya nunca más nos sentimos ni sostenemos en soledad. Esta proposición vierte sobre nuestra cabeza el baño del agua de las estrellas, sella para siempre la reconexión. Esta relación íntima con el gran espíritu nos está convocando e inclinando la balanza al servicio para funcionar en la ternura.  

Canalizar luz, decodificarla y devolverla hecha conciencia, ese es un ejercicio diario. La vida se fue sucediendo dentro de la vida y también el trabajo se convirtió. Cuando el alma habla el corazón despierto responde galopando y en instancias como esa, los fantasmas y las sombras que los ocultan pierden su fuerza porque no los habita la fe y la suerte los abandona. Todo lo que no es cierto, tarde o temprano se nota. Eso sucede con la costumbre de sobrevivir al dolor.

Las esferas nos esperan y conducen al sol. Ser canal también necesita un encuadre y por eso se presentan tantos métodos que no hacen más que ayudarnos a llegar al abrazo y al calor. En medio de vibraciones, cuando todo está inundado de portales y puertas que nos conectan a la diversidad, se precisa de alguna estructura que nos ampare a saltar. En medio de este viaje de amor, el acceso a los ángeles derivó en la apertura del orden divino, definitivo y universal. Las dimensiones de seres de luz próximos cedieron paso y los Maestros mayores nos convidaron a ir más allá.

El salto nos dejó levitando entre la gravitación y el vuelo y es inmejorable la oportunidad para compartirla. El fruto es una iniciación conducida por las más altas jerarquías de toda la galaxia que nos deja solamente la posibilidad de la sanación. Los peldaños están programados para subir la escalera al cielo y el final promete desembarcar en Dios. Cada escalón es un nivel de conciencia distinto y una instancia para curarnos en relación. Al cierre de los encuentros los suceden reciclajes que nos afirman y ruedas de sanación que nos depositan en la confianza, merced a involucrarnos en el círculo y a ocupar el asiento que le pertenece a cada uno.

Siempre el recorrido es individual si nos hacemos cargo de lo que nos corresponde y no hay tiempo para reparar en lo que ocurre a nuestro costado en la plenitud de la ceremonia. Nunca sabemos la verdadera dimensión del llanto: la más pura belleza presentándose o una infinita congoja que parece no cerrarse más. Estar presente en el ritual de la vida es servirse de los espejos que penetran devolviendo lo que se debe ver. Para estos casos, nada como el libre albedrío y esa ley que reza que si el pedido de ayuda no llega, nada más sano que no intervenir. Eso es no forzar, eso es fluir.

Esta es una invitación a salir vivos y fortalecidos en un mapa donde por ahora persisten las dos maneras: la amargura y el esplendor. Esta es una forma de llegar a la promoción en una escuela que está cerca de cerrar sus puertas y donde reiterarse en la cavilación no podrá convivir para siempre con las ganas de despertar. Somos la posibilidad de la sabiduría y el rezo que se hizo aliento. Trajimos hasta aquí el sueño y ahora tenemos el poder de tejer esa imaginación.


Cambiar en medio de toneladas de brillo hechas luz es un entrenamiento que nos fortalece. Este camino es también un encuentro, un disparador hacia el bienestar y un llamado a lo que resplandece. Una iniciación que frecuenta la conciencia y que nos deposita en el calor del corazón. Somos el despertador. 


Camilo Pérez Olivera