sábado, 14 de julio de 2012

En el medio del miedo

Una humanidad infantil está creciendo junto a la Tierra. Una humanidad infantil está madurando lentamente a ras del piso. Un planeta y su tierra están próximos a parir otra humanidad. Las sociedades en conflicto demandan, reclaman, protestan, se juntan y se separan con volatilidad y sin pudor.

Los mejores representantes de las personalidades humanas elevan sus voces entre las mareas sociales sin luz ni claridad. Llevan sus conflictos como lastres, arrastrando consigo los ánimos de las multitudes hacia unas posturas u otras. Humos dentro de humos, ruidos entre los ruidos, bocinas y clarinetes desafinan entre los matutinos de ayer y los periódicos de mañana.

Que haya cambios, que se muevan las estructuras, que se modifiquen las costumbres que sostienen la convivencia. Que se renueven las tradiciones, los votos y los compromisos. Que incorporemos ideas novedosas, que se abran los oídos, que se estimule la comunicación, que se ejecuten nuevas herramientas. Que todo cambie, menos yo. No hay ejes claros, definidos. Sobran las ofertas y las demandas en este mercado de la personalidad. Nadie podría resistir un archivo. Nadie sostiene su devenir en el último round del tiempo de los atropellos con coherencia y sin incongruencias. Excepto yo. El paso del tiempo deja su estampa con groserías, algunas más burdas y otras un tanto moderadas, pero nadie escribe su propio transcurrir de forma impecable y sin tachaduras. Todos afilan los colmillos personales, se alistan en las filas de quien se para a la defensiva, todos muerden la mano más próxima y las banderas son retazos deshilachados sin integridad. Menos yo.

En este margen cada vez más estirado, los límites se han tensado más de lo imaginable. La presión sube a carcajadas y baja solo cuando la temperatura de la noche le pone paños fríos a los asuntos de dominio público. Quizás por eso este invierno ha venido congelado, porque es la única manera de resistir esta realidad que despierta absurda cada vez que los micrófonos comienzan a reproducir barbaridades. El resto blasfema, yo no.

Sin embargo hay faros discretos para las miradas que buscan mirar al vacío y encontrar allí, la sutileza y el espíritu como forma de hacer las cosas. Hay voces hablando bajito y silbando en el viento para los que quieran escuchar. Hay hombres creyendo, hay otros hombres sabiendo y otros hombres confiando sus sueños hacia otra dirección. Hay muchos fueguitos prendidos y hay aldeas distintas, unos alumbran certezas en el medio del caos y otras coexisten sin miedo entre tanta inseguridad. Hay ciertas mujeres y hombres levantando otro sueño, rezándole al fuego en silencio, esperando el despertar. Hay hombres y hay mujeres sosteniendo otra comunidad. Hay hombres y mujeres criando a los hijos pequeños de una nueva humanidad. Hay niños y niñas poblando esas aldeas, corriendo y jugando entre el verde y el cielo, mirando otros planos y el nuestro, levantando otra autoridad. 





Camilo Pérez Olivera
Ensayando otra manera de vivir¡!

domingo, 8 de julio de 2012

La revolución posible

Era pequeño y mis abuelos me hablaban de la “revolución imposible”, así se podría llamar este cuento. Apenas tenía conciencia, apenas comenzaba a ser protagonista de mi vida. En casa se hablaba de política permanentemente. Les había costado, tanto a la generación de mis abuelos como a la de mis padres, ver nacer en un país de intenso gris oscuro, una luz que pariera la democracia.

Por aquel entonces una victoria electoral de la izquierda uruguaya se encontraba aún lejana a la vez que deseada por una fracción cada vez más grande de la sociedad. Parecía ser que los sueños que ventilaban las veladas de los adultos y que llegaban a oídos de algún niño curioso, se encontraban verdaderamente inalcanzables. Como quien se anima a soñar pero no confía en su vuelo, como quien se quema con leche y ya no se anima a volar. Aquellos adultos tejían en un horizonte lejano sociedades de felicidad, una justicia infinita y paraísos de bienestar. Eso esbozaban sus ánimos aunque a la vez lo decretaran como  realidades imposibles. Crearon el sueño y también su limitación.

Para aquel pequeño siempre delgado que agudizaba su comprensión, eran cuentos maravillosos que siempre terminaban con la misma sentencia: “No lo voy a ver yo, no lo van a ver tus padres, ni vos ni tus hijos”. El sentimiento que me abrazaba era de dureza y desazón. ¿Por qué aquellos sueños no los veríamos ninguno de nosotros, no lo merecíamos tal vez? ¿Qué fuerza tan cruel gobernaba aquel universo donde nos había tocado vivir?

Al tiempo la comprensión fue mayor, esos mayores convivieron con el terror, con libertades inexistentes, con la expresión limitada, censurada. Al tiempo la comprensión fue mayor, la izquierda era gobierno, la izquierda era progresista. El progresismo de los suburbios del sur no quería quedar afuera del reparto de los recursos mundiales, acomodaría su cuerpo porque ya había perdido suficiente con los sueños. Aquellas generaciones que sentenciaron sus utopías como impracticables están grandes y ocupan lugares de poder.

La política es la conciencia de una época donde la humanidad cambiaba social y fragmentadamente. El paradigma de los buenos y los malos, del mundo de los enemigos, del materialismo, del ateísmo. Si no pudieron confiar en otros hombres como ellos, mucho menos podrían confiar en Dios. Hoy el estado de conciencia expresa otro marco de referencia, la espiritualidad. Si hasta la ciencia busca la partícula divina es el reflejo de una realidad que acepta la existencia del espíritu en todo y  todos. Se acerca. ¿Qué busca la ciencia cuando busca la partícula de Dios? El espíritu. Su espíritu.

Hoy nuevas generaciones desafían a las viejas. Hoy la búsqueda se corre hacia el interior. Hoy el estado de conciencia es otro y el paradigma holístico resignifica al  hombre dentro del ecosistema. Se diferencia y se distancia de la relación endémica del sistema en el cual se comprenden los hombres, sus leyes y los recursos de una sociedad para su subsistencia.

Cada uno de nosotros llegará hasta donde su corazón pulse. Hasta donde su revolución sea posible. No me extraña que aquellas generaciones no puedan dar el paso siguiente. Quizás siquiera sea necesario. Como sea estará bien. Esta nueva era que se abre delante invierte el propósito. Implica un riesgo más. Una nueva aventura, ancestral. Creer para ver. Confiar para ver. Decretar para ser co-creador  con el Universo del sueño que llevamos dentro. Cuando los abuelos dejaron de soñar empezó nuestra responsabilidad. En ese vacío está todo por hacer.

Es un punto de inflexión, quizás uno de los más importantes en milenios. Es un lugar que permite volver a hablar de Dios, de amor y de anarquía sin contradicciones. Seremos –cada uno de nosotros- la autoridad de nuestra propia vida, el líder de nuestras propias empresas.  No podrá ser de otro modo porque cada uno estará ocupado sosteniendo difíciles timones de barcos que procurarán acomodarse a las mareas altas de la Era de Acuario y su ingreso. Si es que ya no nos identificamos con esa realidad…
Será imposible ir a socorrer urgencias ajenas, porque cada uno estará surfeando sus propias olas. Es la manera que el espíritu tiene para volvernos la mirada hacia adentro y que ocupemos el lugar del círculo que nos es propio.

Hay que hacerse cargo de karmas[1] antiguos e inmediatos y en esas actitudes, en la manera de responder a esas deudas con nosotros y los demás, estamos decidiendo si habrá un lugar para nosotros bajo el nuevo sol.

Desde aquí, desde el rincón que escribo, sé que otra manera de vivir es real porque la ensayo y en ella trazo estas líneas.




[1] Karma: perteneciente a la ley de las compensaciones del Universo. Sistema por el cual cada acción tomada tiene un efecto de acuerdo a la intención que llevara la primera.



Camilo Pérez Olivera
Ensayando otra manera de vivir¡!




lunes, 2 de julio de 2012

La mejor profecía

Las tormentas son embrujos, hechizan. Te veo rezarle a la tempestad más profunda, cantarle a los seres del trueno, a la nación de las nubes. Quizás hayas encarnado en la Tierra a través de un rayo. Quizás siendo espíritu tengas afición por andar bailando de centella en centella. No lo sé, no lo recuerdo. Proviene de la constelación de todas las estrellas y en su cuero está el sello del agua de toda la galaxia. Agua de arrecifes, frontal, helada, directa como el trueno y las lluvias. Pero los espíritus no sienten frío ni calor, andan sin forma por la Vía Láctea, por todo el poliverso. Es fascinante mirar el cielo, si es de noche provoca aún más. Extraño esa casa, ese hogar.

Lavas los ojos con la mirada de la estrella más reluciente. Hay lágrimas que no necesariamente son dulces…veo que caminas hacia el oeste, hacia la dirección de todos los muertos, de todos los abuelos, donde mora la sabiduría, donde se juntan todas las verdades. Enciende ese espíritu el fuego con dos leños, uno se posa en la tierra y el otro sobre el primero, honrando al cielo. Forma una punta de lanza con ambos, forma una flecha que apunta al Gran Misterio. Unidos en un extremo los troncos se consumen, luego el cuerpo de ambos se hace largo hacia atrás. Toma asiento entre los riscos, arma un tabaco añejo, húmedo y le reza al  viejo misterio. Se dirige hacia el este, a la humildad, agradece la vida. Mira hacia el sur pidiendo integridad para el camino de todos, para poder sostenerse en lo que se avecina. En el norte lo espera la voluntad, lo que viene es tan duro como bello. Su mirada baja la cabeza cuando su cuerpo se encuentra girando otra vez al oeste. Toma la sonaja de entre los pocos objetos sagrados que presentó en el improvisado altar a sus pies. La sacude como golpeando el aire, la sonaja castañea adentro. Los ancestros de toda la nación danzan en el interior del instrumento. Coloca su voz al cuello y llama con el canto a la memoria para que guíe los pasos que habrá de caminar puertas adentro, en meditación profunda. Las nubes comienzan a amontonarse en el cielo, las estrellas se pierden y un aroma de tormenta se arremolina por todos lados, gira en el lugar. El cielo se embellece, se hace plomo. Cae el primer estruendo, responde al primer rezo. La lluvia pasa de izquierda a derecha, de suave a recia, escribe su tempestad, pone luz en medio de la oscuridad. La lluvia avisa con el Padre Trueno, luego viste su mejor traje de luz y se hace rayo.

Hombre de las estrellas, hijo del rayo. Aquí en la Tierra también te sientes hijo, te sientes fuerte de corazón. Toda tu autoridad se hace humilde y se une a la naturaleza, le cantan a la lluvia entre los duendes, hadas, gnomos y elohims.  El fulgor se dibuja de azul metal al horizonte y el humo lleva los rezos al orden del creador. Todos los seres marchan hacia la morada del nuevo amanecer, pero el sol no sale esta vez. Enderezas tu espalda, miras hacia atrás y reconoces la familia llegando de todas las direcciones. Todos se sientan alrededor del fuego y piden que el abuelo sostenga su llama en los días de oscuridad. Lentamente se pierde la noción del tiempo, solo queda el criterio del corazón alumbrando el camino hacia adentro.

La Tierra comienza su purga, su ascensión. Nada de lo que es volverá a ser igual. Sostenerse en el temblor, confiar en la oscuridad, ser firme en la intención. Llegó el momento, el mismo que nos quita el sueño desde que nacimos. Bajamos en un haz de luz para anclar la fe en este tránsito. Recordamos nuestro compromiso de estar aquí en este ahora. El tercer ojo corre la piel del entrecejo, nos muestra quiénes parten a comenzar de nuevo en otro lugar. La despedida es un momento, es cerrar los ojos y ver con amor. Es una belleza la danza de la rueda de la vida. Lo que viene lo intuimos a la vez que lo sabemos. Todo valió la pena… ¡es una alegría retornar!







Camilo Pérez Olivera
Ensayando otra manera de vivir¡!

lunes, 25 de junio de 2012

La relación con la soledad

Escribo para catapultar ideas desde mi conciencia hacia la de cualquier otro ser. La intención mayúscula es despertarnos a los mimos y no a los golpes. La inmensa mayoría de los sitios donde asomo mi nariz resultan un poco aburridos. Las conversaciones humanas me resultan por momentos tediosas si el eje es el tener y no el ser. Soy un eterno investigador de la esencia espiritual.

Me llevo muy bien con la tecnología y esta me sirve como motor de dichas investigaciones –constantes- donde saciar vacíos que ya los grandes multimedios no pueden alimentar.  También aplaca la ansiedad de los eventos futuros, me ayuda a prepararme mentalmente para lo que viene. Así escribo, sopesando lo que leo y observo, entendiendo mentalmente y también con otras dimensiones del ser. Pero sobre todo, preguntándole al corazón si es cierto.

Hablando sobre espiritualidad, los formatos en los que llega la información son vastos. Internet es la herramienta privilegiada y también una maraña increíble de datos que aclaran a la vez que confunden las profecías últimas cual informes meteorológicos imperfectos de lo que vendrá, a la vez que se mezclan con las recetas para sobrevivir a los inminentes cataclismos que no acaban nunca por desatarse. La espiritualidad y la autoayuda pululan juntas, pero aunque estén unidas en el mismo renglón, para quien escribe no funcionan como sinónimos y las separa un abismo que voy a intentar descifrar. Aclarando que al primero que le es de utilidad el ejercicio es a quien suscribe. Así es que de forma indiscriminada, ambas se mezclan y se confunden en cualquier escaparate de librería o en la biblioteca virtual de youtube, entre otros espacios.

Los formatos digitales son los que consumo a nivel personal. El costo del mismo es igual al de un libro en novedad del mes, pero el recurso de la web es ilimitado. En las economías familiares sesgadas hay quienes priorizamos el acceso a la red global antes que a la cultura en cuenta gotas. El consumo masivo de índole new age a través del monitor trae aparejado como primer inconveniente quedar postrados frente a la pantalla. El segundo desorden es asumir que la lectura o el vídeo que enseña a vivir lo incorporaremos instantáneamente y ya seremos, a la vuelta de la próxima búsqueda de  Google, ilesos supervivientes, hermanos de luz arañando la iluminación.

La autoayuda viene en distintos soportes: un libro, posteada en cualquier red de turno y una larga fila de etcéteras. No provee experiencias, sólo son placebos que quien la reciba la instrumentará con el mismo patrón con que resuelve el estado de sus conflictos. La autoayuda será el hambre de la mañana siguiente. No es recurso. Sostiene el mismo lugar de soledad con quien batallar cuando hayas olvidado esa frase estupenda.

Aprendí hace años que tenemos un cuartito privado donde escondemos el corazón, poniéndolo a salvo de lo que más necesitamos. Lo colocamos a salvo de la relación con el afuera, ese afuera que nos hizo la herida original en cualquier tiempo de todas las realidades que coexisten. Estar allí dentro nos inmoviliza, creer que desde el ciberespacio podemos amarnos los unos a los otros es la trampa más grande que he encontrado últimamente. De repente ingresa alguien al mundo ingrávido del espíritu e interactúa de una forma agresiva…¡y zas! Desestabiliza nuestra luz, nuestra espiritualidad y todas las frases hechas y/o repetitivas que por allí pululan. En cualquier lugar se puede colar algún cuco malo que nos recuerde todo el dolor que portamos en nuestro cuartito interior. El rechazo es rechazo sin importar de qué modo se ejecute, ni la hora ni el lugar de su accionar.

Los sitios de esta era donde se agrupa gente abundan. Los nombres son ficticios y la personalidad se presenta con el gesto –si cabe el término- más amable posible. Lo cierto es que todos los sitios de dominio público funcionan muchas veces como amplificación o extensión del cuartito privado de cada uno. Es imposible en ellos establecer honestos vínculos y menos aún profundizar en esa relación. Es imposible sin quedar al margen temporalmente de la realidad. Exaltar el amor no provee la experiencia de amar aunque el discurso quiera pasarle por encima a algunas leyes universales. Amar sin conocer sitúa esa relación en un grado de vulnerabilidad importante y el discurso en que viaja ese estado de amor es de una fragilidad meridiana, se emplee de un modo u otro. El verdadero propósito de participar en las redes sociales no puede albergar grandes expectativas de establecer lazos y fortalecer vínculos. Más bien se emplea como forma de comunicación en tiempo real y a distancias siderales a la vez que intercambiar información y datos de interés.

Las relaciones humanas implican riesgo, entregarse nos sitúa en una situación de exposición, abrirse a la experiencia del amor tarde o temprano dejará a la vista la herida que más tememos mostrar.

Desde hace unos años me interesa recuperar los sitios sagrados, aquellos lugares que me vinculen honestamente con semejantes que porten la mayor diversidad posible. Los lugares son sagrados cuando quienes los ocupan se implican con compromiso y también con alegría. La implicancia precisa de la presencia por entero, de todos los gestos que somos, los que abrigan el cariño y los que son un despojo de nuestra peor versión. Si los sitios son sagrados, reales, abrazarán ambas caras: la adusta y la compasiva. Por tanto recuperarlos es un trabajo que se formula y viaja en dos direcciones: la interior y la que se espeja fuera del nivel personal. Los espacios circulares funcionan de esa manera, multiplicando fuerzas y energías, revalorizando y respetando el lugar personal que hace al colectivo. Estos son los sitios donde mi corazón se siente a gusto. En el círculo es donde callo mis palabras, donde quedan hablando solos mis pensamientos perturbados frente al fuego. En el círculo es donde se silencian mis discursos y sale a la luz el niño frágil que fui. En el círculo es donde la fuerza me acompaña y el adulto que soy toma la palabra, su autoridad y la firmeza del corazón. Pero siempre mis gestos son diferentes, no necesariamente inestables. Diferentes. En el círculo nos conocemos sinceramente y nos queremos más o menos pero de verdad. En el círculo todos somos medicina y esa es nuestra condición espiritual. Allí, la autoayuda no tiene mayor sentido porque las experiencias que nos nuclean ya traspasaron la dimensión del miedo al vínculo. En el círculo existe la premisa de pedir ayuda cuando esta se precisa, porque el corazón no se cura en soledad y solo se sana en relación.





Camilo Pérez Olivera
Ensayando otra manera de vivir¡!



jueves, 21 de junio de 2012

La memoria o la miopía existencial

Nos escapamos de lo que más necesitamos. Ya no sé cuántas veces escuché eso. Moneda corriente en el barrio de la espiritualidad. También yo me escapo...  Me escapó de las ceremonias de medicina por una mala experiencia que fue una bendición mirada a la distancia. Me escapo del consejo de los Hombres Medicina cuando lo necesito y no voy por sus casas, porque mi corazón quiere y mi cabeza sale corriendo. Cuánta medicina para todos, nos hemos convertido en profesionales del escapismo.
En estos días se ha cerrado un ciclo personal en la antesala del día de abuelo, el día que Artigas nació hace muchos, muchos años atrás. También el día en que las naciones originarias del Sur, en especial la Nación Charrúa y la Nación Guaraní, celebraban el nuevo año sobre la base del calendario Lunar.

Se nota la existencia de fuerzas que purgan por despedir viejos dogmas y en eso está la política liberando la marihuana, integrándola. Por concepción, abandono al Estado en cualquiera de sus dimensiones, le suelto la mano.

Conviven en esta tierra la costumbre y la tradición, el viejo estadismo uruguayo, sus grises tristes, llorones y apesadumbrados. Conviven en esta tierra el nuevo uruguayo en color y HD, los partidos políticos tradicionales –blanco, colorado y en una especie de “F5”, se actualiza en estas filas el Frente Amplio- y el país de las vacas repuestas. Conviven la mentira de un país inventado, la laicidad y el ateísmo de escuela racional. Conviven un país de raíces extirpadas en las postrimerías de Salsipuedes y el Estado de modales franceses e ideologías prestadas.  Conviven la falta de memoria y la omisión oficial a los crímenes contra la Nación Charrúa. Todo esto y mucho más, mañana cuando canta el gallo, no va a salir en la tapa de “El País”.

Está naciendo la memoria también en esta tierra de raras convivencias, estamos recordando lentamente. Es posible que la memoria no emerja desde los planos más conscientes de la sociedad. Pero que se hable, que se discuta, que se nombre a la ayahuasca, que se quiera legalizar la marihuana -Santa María para los caminos nativos- es todo un éxito. Muchos hombres y mujeres de esta tierra vienen rezando por vivir en la verdad, la simplicidad y el amor  y el rezo devuelve sus frutos.

Es cierto, hay mucha falta de respeto, pero reconocer que existen otras formas es un paso. Hay muchas personas honrando las medicinas de la tierra, de esta y de otras latitudes. Hay mucha gente honrado la memoria de los ancestros que vivieron en estos sitios antes que nuestros abuelos españolitos e italianos lo tomaran a prepo y de malos modales.

Es bueno dejar de correr y escaparle a aquello que necesitamos. Quizás sería bueno dejar de darle la espalda a quienes habitaron este suelo. El triunfo del librepensamiento europeo –como dice Gonzalo Abella- no sólo impidió comprender nuestras raíces, impidió advertirlas. El Estado reconoce en este junio de 2012 que existe una relación entre el ciudadano y determinadas sustancias, hay experiencias que nos desvisten, al costado de la racionalidad.

Advirtamos entonces que hay unas cuantas cosmovisiones que se ordenan en absoluta armonía con la naturaleza y que ya no hay que rastrearlas a 300 años de distancias, están acá, al regreso del zapping televisivo, a pocos kilómetros de los vicios urbanos, de las miserias del libre mercado. Es bueno lavar la mirada de vez en cuando, es bueno advertir que vivimos, a veces, en un estado de miopía existencial.  


Camilo Pérez Olivera 
Ensayando otra manera de vivir¡!

martes, 19 de junio de 2012

Malas ideas. Poesía para naufragar

Hay unos dioses jugando a ser hombres, hay unos hombres parados en la montaña más alta del mundo destilando terror. Hay gente escupiendo miserias en la cara de Dios. Hay vientos azotando las trampas y un samurai viviendo bajo un código de honor. Hay maderas destempladas y un instrumento de decoración.

El acero fundido se quema en las entrañas del Sol. La última estrella se enciende en el penúltimo cielo de tu habitación. Está el diablo nervioso comiendo sus últimas uñas y no le crees. Hay malvados soplando tus miedos, inventándose intrigas para la tv. Hay registros de los últimos daños del próximo huracán. Ver como lobos se deslumbran con el canto del mar. Perros lobos, perros fieros echados a la orilla de la tempestad. Volcanes limpiándolo todo y el cordero cambiando de piel. La jauría de todas las promesas ladrando a tus pies.

Ser demonio o ser Lucifer. Ser gigante en las nubes y volver a nacer. Hay miradas quemando pestañas y el amor de verdad venciendo los miedos en cualquier lugar. Hay malas ideas y feroces compañías que no deberías albergar. Aceptarlas, prender un incendio y dejarlas rodar. Las quimeras fueron hechas para hacernos temblar, pero el fuego fue creado para hacer el amor.

A la luna de luz de mañana te sorprendí durmiendo y soñándolo a Dios, que se hacía inmenso y reinaba en la Tierra apagando el temor. Vas a  asistir al teatro de nuevo, vas a ver las centellas bailar. Ven a la última escena y las dudas vas a disipar. Vas a ver desteñirse las sombras y sembrar las estrellas en el cielo de tu corazón.

Camilo Pérez  Olivera
Ensayando otra manera de vivir¡!


jueves, 14 de junio de 2012

Entre el cristal y los abrazos

Niño que atravesaste el océano cósmico envuelto en un haz de luz. Niño que naciste con la conciencia despierta. Niño que tempranamente se sintió especial entre los únicos e irrepetibles. Niño que lleva en su esencia la voz del corazón y en su alma la memoria de cientos de existencias. Niño de arrugas ancestrales y antiguas, de sabiduría originaria y confianza universal. Niño con pies extensos caminando la anchura de la Tierra otra vez.

Espíritu dentro de un niño, de las filas y la legión de los Guerreros del Arco Iris. Niño de la generación del cristal: sensible, vibrante y guerrero y otra vez niño. Niños índigo, niños de la nueva vibración. Niños como oleadas o solamente niños. Niños de la esencia más pura, niños mezclados entre dolores y amarguras, adoptando la ironía y el cinismo como escudo o armadura. Niños eternos, viajeros del misterio.

Jóvenes descreídos, trazando el límite de la desesperanza, perdiendo candidez. Adultos de un camino turbulento, de un progresismo eterno y prometedor. Adultos desconfiados de los horizontes inalcanzables. Adultos de ojos lavados, recuperando la conciencia de la luz. Adultos jóvenes desafiando al sistema, volviendo a planear. Adultos atravesando la tempestad, tendiendo los brazos para ver en la oscuridad, estirando la mano a aquel niño que fueron. Recuperándolo. Sanándolo.

Niños antiguos, pobladores de Lemuria y Atlántida, viejos ciudadanos de otros tiempos y civilizaciones humanas. Viejos creadores de continentes extravíados y sumergidos. Niños en cuerpos grandes, esencias puras anclando luz en la confusión. Niños haciendo círculos, jugando en ronda, manos abiertas y entrelazadas, manos tomadas cerrando otro ciclo de la creación. Niños, jóvenes, adultos y ancianos, seres de luz despertando en la Tierra, naciendo en el albor de un nuevo sol. Niño que lleva dibujado en sus ojos el universo y el mundo en sus manos.
Niño, no hay nada más que podamos perder si nos han robado todo menos las ganas de hacer un mundo nuevo, entero, para llenarlo de juegos. Tengo el compromiso y la alegría de mirar tus ojos para confirmarte en el mundo y el deber de darte tu espacio y tu lugar.


Camilo Pérez Olivera. 
Ensayando otra manera de vivir¡!